26 de octubre 2009 - 00:00

El Woodstock de Charly en Vélez

Fue un show atípico, emocional y con una tormenta que no permitió el lucimiento de los efectos preparados. Pero Charly cumplió.
Fue un show atípico, emocional y con una tormenta que no permitió el lucimiento de los efectos preparados. Pero Charly cumplió.
Actuación de Charly García (voz, piano). Con Carlos «Negro» García López (guitarra), Fabián «Zorrito» Quintiero (teclados), Hilda Lizarazu (coros), Kiushe Hayashida (guitarra), Carlos González (bajo) y Tonio Silva Peña (batería). Artista invitado: Luis Alberto Spinetta. (Estadio Vélez, 23 de octubre).

Fue una noche que mezcló expectativas, sentimientos y prejuicios con una lluvia, por momentos torrencial, que pareció dar un entorno cinematográfico no esperado, y un negocio que pinta muy bien. Charly García festejó sus 58 años sobre el escenario; limpio de drogas y alcohol, regordete, con la mirada algo perdida, con una sonrisa que se parece mucho a una mueca, con los dedos (para tocar un piano de cola, solemne, sin pintarrajeos) en muy buen estado, con una garganta que empezó a acomodarse promediando el show y con un estilo coreográfico que recuerda al Batman de Adam West en sus inolvidables tenidas dancísticas.

Se agotaron las 40.000 entradas, aunque algunos terminaron pegando el faltazo (aun con el ticket comprado) por la tormenta y por la información errónea sobre la suspensión que dio un canal de cable. Y debajo de ese mal tiempo (lluvia más frío), Vélez fue igualmente una caldera de emociones. Charly García cumplió. Presentó una banda muy profesionalizada (la base del trío chileno más sus «amigos» y contenedores argentinos García López, Quintiero y Lizarazu), cantó una treintena de títulos en unas dos horas de actuación que tuvo sus picos en los temas clásicos de su repertorio, y se mostró en buena forma física para las teclas y el canto.

Se adaptó -por una vez en tanto tiempo- al formato convencional de un recital, con sus veintipico de títulos en el cuerpo de show más el listado de bises, sin interrupciones ni instrumentos o micrófonos pateados y por el piso. Sin embargo, nada de todo eso alcanzó para hablar de un concierto «normal». Es obvio que el mejor Charly sigue apareciendo en canciones como «Promesas sobre el bidet», «Cerca de la revolución», «Demoliendo hoteles», «Funky», «Adela en el carrusel», «Yendo de la cama al living», «Rap del exilio», «Raros peinados nuevos», «Canción de 2 x 3» o «Llorando en el espejo», en medio de una producción que está entre las más valiosas del pop/rock argentino.

Fue una sorpresa excelente (hacía muchos años que no compartían un espacio) la presencia de Luis Alberto Spinetta («mi ídolo y maestro», así lo presentó) para compartir «Rezo por vos». Y la contracara a lo épico de la lluvia fue todo lo que quedó sin hacer por el aguacero y el viento (tarea del escenógrafo y puestista Pichón Baldinú, ex De la Guarda): una mujer que debía «volar» sobre el escenario, rampas que debían subir y bajar (inclusive con Charly encima), pantallas que tuvieron quitarse o que se estropearon, etc. Varias conclusiones quedan entonces flotando. Por un lado, hay que confirmar que la salud de García luce notablemente mejor y que deben festejarse sus frenos. Por otro, confirmar también que puede bancarse perfectamente un show completo (ya lo había hecho en otros países de América Latina pero está claro que el desafío porteño tenía condimentos extra) porque le sobra repertorio y porque está en buena forma para eso. Quedan, de todos modos, las ganas de volver a verlo y escucharlo en condiciones climáticas más aptas, quizá menos épicas aunque más cómodas para presenciar un show. Y, claro, por el momento -descartando hipocresías y frases políticamente correctas- seguimos extrañando la chispa de un Charly que tendrá que desandar mucho recorrido para volver a encontrarla y transmitirla, sin que eso implique el regreso a aquellos viejos sitios tan indeseables para su salud.

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