5 de octubre 2016 - 00:00

“Elegí la sátira por la incertidumbre que estamos viviendo”

La escritora española dialogó con este diario sobre la novela ganadora del Premio Herralde, donde habla “de la apolitización de la farándula y de la farandulización de la política”.

Sanz. “A los autores literarios, no los bestselleristas, los premios nos permiten salir del cenáculo de cuatro gatos que te conocen”.
Sanz. “A los autores literarios, no los bestselleristas, los premios nos permiten salir del cenáculo de cuatro gatos que te conocen”.
Satirizando el mundo de la gente de teatro, actrices, actores, directores, el llevar al teatro una vieja película que habla del teatro,todo de un modo tan creativamente interesante en su propuesta narrativa, literariamente deslumbrante, y a la vez implacablemente divertida, la destacada escritora española Marta Sanz, construye en "Farándula", que publicó Anagrama", una metáfora feroz sobre la realidad actual, sobre el mundo que pasa de lo analógico a lo digital, de fórmulas políticas que buscan escenario. Con "Farándula", Marta Sanz ganó el consagratorio "Premio Herralde de Novela". Autora de novelas policiales y sociales, visitó Buenos Aires para participar en el 8° Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (FILBA), y dialogamos con ella.

Periodista: En su novela se divierte hablando del teatro, de los actores y las actrices, de la competencia, de las actitudes, del momento en que vivimos...

Marta Sanz: En "Farándula" se habla de la apolitización de la farándula y de la farandulización de la política. Pienso que la tendencia viene de Estados Unidos, no sé si de la época de Reagan, pensando que él era actor y bastante malo, con la idea de que la ideología no vale. Cuando el discurso político se vacía de contenido ideológico porque supuestamente ya no vale, lo único que queda son las carcasas. En los debates políticos lo único que importa es si Hillary Clinton y Donald Trump se dieron la mano o un beso, si está o no está más pálida. Se descarta aquello que debe ser el peso del discurso y nos quedamos con el gesto. En España los políticos van a los programas de televisión y uno canta y otro baila y otro va a confesar sus amores. Les parece que eso es aproximar el personaje al ciudadano. Yo no quiero que el político sea un personaje que se venda, un maniquí, sino un conjunto de ideas que ofrezca soluciones prácticas que repercutan en mi vida cotidiana. Me da pena que hayan perdido el carácter programático e ideológico que tendrían que tener los políticos para buscar convertirse en personajes populares, faranduleros. Bueno, es el signo de los tiempos.

P.: Su novela tan actual parte de una metáfora clásica de la literatura del siglo XVII, del "gran teatro del mundo" de Calderón de la Barca, de Lope de Vega, del uso del teatro dentro del teatro por Shakespeare.

M.S.: Esta novela a diferencia de otras mías entronca de manera muy decidida con esa tradición hispánica de la literatura barroca, que tiene que ver con el teatro, con el teatro del mundo, con la sátira, con las invenciones del lenguaje como manera de iluminar la realidad. En sus sátiras Quevedo inventaba palabras como archipobre y protomiseria, producía una manipulación lingüística que ayudaba a ver cosas que estaban pasando en el espacio de lo real. Tenía en la cabeza eso, y los espejos deformantes del Callejón del Gato que era como Valle Inclán definía el esperpento. Y dos ideas que parecen antagónicas pero que confluyen en el texto: tanto los escritores como los actores cuando interpretamos un personaje o cuando escribimos una ficción, en el fondo nos estamos quedando desnuditos, hay algo muy personal que se descubre con las máscaras que se eligen. Eso también se refleja en la estructura de la novela, en el tipo de narrativa que se elige. Al final el lector descubre que "Farándula" que es aparentemente una novela polifónica eso no es verdad, hay una actriz que representa todas las voces, y en esa representación está representando una incertidumbre que es de ella, y que también es mía, la persona que está detrás de ella. Asociado a la idea de la máscara hay un leitmotiv literario y vital: hay que tener mucho cuidado con lo que uno parece ser porque uno termina siendo lo que parece. Lo tomé de Kurt Vonnegut. Él lo había tomado de Oscar Wilde cuando decía "el que piensa que las apariencias engañan está absolutamente equivocado". En "Farándula" hay mucho de cómo la máscara se solapa con el rostro. Esa idea justifica que diga que todos mis libros son autobiográficos, justifica la voz narrativa de "Farándula", y es la idea contraria a la de la novela negra, cuando dice: nada es lo que parece, siempre hay una realidad oculta por debajo de las apariencias.

P.: Y usted ha escrito exitosas novelas negras.

M.S.:
En mis novelas negras, mis personajes también son lo que parecen. Mi detective, Arturo Zarco, si parece gay es porque lo es, y si parece incompetente es porque es un incompetente, no esconde nada. Es descreído, cínico, inteligente y frágil. Un antihéroe.

P.: ¿Qué la llevó a escribir "Farándula"?

M.S.:
Había escrito novela social, negra, amorosa, intimista, biográfica. Había tocado muchos registros. De pronto me vi abocada a escribir una sátira por mi sensación de incertidumbre respecto a los cambios que estamos experimentando en la cultura y en la realidad. Y por la rabia respecto a las condiciones políticas y sociales que estábamos viviendo. Yo parto de que cada libro tiene que encontrar su lenguaje, su registro. En "Farándula" una de las tramas es el montaje teatral de una película que habla del teatro: "La malvada", la película de Mankiewicz con Bette Davis. Yo tenía miedo por cómo podía recibir "Farándula" la gente de teatro, pero han visto que en ese retrato salvaje y sangriento se reconocían y veía que tras la sátira prevalecía el amor. Y que usé el teatro para hablar de la cultura, del cambio de modelo, del paso de lo analógico a lo digital.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora, luego de la consagración del Premio Herralde?

M.S.:
Debido al Premio Herralde estoy viajando por el mundo, sin ese premio no hubiera llegado aquí, estoy disfrutando de la situación. Es un honor formar parte del catálogo de Anagrama. A los autores literarios, no los bestselleristas, los premios nos permiten salir del cenáculo de cuatro gatos que te conocen. Antes, había comenzado una novela sobre el cuerpo desde el punto de vista de la enfermedad. Hablo del dolor con tono un poquito sarcástico, con humor negro.

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