7 de diciembre 2016 - 21:42

“En el género de terror, el ser humano es protagonista”

En “La muerte silba un blues”, su nuevo libro de cuentos, la escritora explora las distintas posibilidades del terror, jugando con los límites del “gore”, y pasando por lo gótico y lo melodramático.

Alemán. “Es posible que el cuento no se venda, pero en la adolescencia cuando se empieza a ser lector, en el colegio lo que se lee son cuentos, no da el tiempo para novelas, y ahí se pica el anzuelo de la ficción”.
Alemán. “Es posible que el cuento no se venda, pero en la adolescencia cuando se empieza a ser lector, en el colegio lo que se lee son cuentos, no da el tiempo para novelas, y ahí se pica el anzuelo de la ficción”.
"Si me gusta el género terror es porque allí el ser humano es protagonista y debe tomar decisiones que a diario no tomaría, y que lo definen como persona", asegura Gabriela Alemán, figura central de la nueva literatura ecuatoriana, como una de las claves de su libro de cuentos "La muerte silba un blues". Gabriela Alemán nació en Río de Janeiro porque su padre, diplomático de carrera, la hizo viajar desde chica. Y así como en sus viajes se volvió doctora en Letras de la Universidad de Tulane, Nueva Orleans, donde hoy es catedrática, como en la Universidad de San Francisco, Quito, se convirtió en basquetbolista profesional en Suiza y en Paraguay. Dirige en su país la editorial El Faquir, y lleva escritas novelas, ensayos, crónicas, teatro, guiones, comics y 9 libros de cuentos. Con "La muerte silba un blues" ganó el Premio Hispanoamericano Gabriel García Márquez. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Por qué elige un género tan poco comercial como el cuento?

Gabriela Alemán: Por preferencia de lectora. Me encanta leer cuentos. Suena mucho que es un género devaluado, que no se vende, pero uno entra en una librería y se encuentra con los cuentos de Cortázar, los de Silvina Ocampo, los de Flannery O'Connor, los de Borges. La Argentina tiene grandes cuentistas. En Ecuador tenemos a César Dávila Andrade, que es uno de los grandes cuentistas latinoamericanos, poco conocido. No entiendo cómo se pudo juntar en el "boom" a escritores tan diferentes y dejar de lado otros, como Borges, Onetti o Dávila Andrade. El año pasado comenzamos una editorial con dos amigos, se llama El Fakir, que es como le decían a Dávila Andrade, y estamos revisando todos los cuentos del más grande escritor ecuatoriano del siglo XX. Es posible que el cuento no se venda, pero en la adolescencia cuando se empieza a ser lector, en el colegio lo que se lee son cuentos, no da el tiempo para novelas, y ahí se pica el anzuelo de la ficción. Sobre todo si el relato tiene una fuerza arrolladora que impide desprenderse de él. Y, para que eso ocurra, está la habilidad del narrador al construir la dramaturgia que sostiene el cuento.

P.: ¿Por qué en "La muerte silba un blues" homenajea a Jess Franco, ese director español que cultivó el sexo, la violencia y el terror?

G. A.: Cuando tuve el primer cuento, el del incendio de una emisora de radio en Quito por el aterrizaje marciano en los años '40, y luego escribí el del personaje que tiene 20 años y salta a 85, quise buscar una hilo conductor que me permitiera seguir contando historias en esa atmósfera, con ese ritmo, con algo de lo gótico, de lo gore. Y ahí volvió a mi mente Jess Franco, al que había tenido perdido durante 15 años. Me acordé lo que él hacía, que siempre me resultó muy divertido, contratar actores y decirles que iban a hacer una película y terminar haciendo 5, y vendiéndolas, y doblándolas a distintos idiomas, y con eso hacer otra película. Mi libro comienza con la lista de protagonistas como si fuera una obra de teatro o una película. Y a mí también me gusta jugar con los géneros. Tanto "El extraño viaje" como "Beatiful but dangerous", diario de una migrante, pueden funcionar como nouvelles. De Jess Franco me fascina que componía jazz, publicaba novelas pulp, tuvo que huir del franquismo, que para poder seguir produciendo se metió a hacer pornos porque era lo que vendía, y que podía meter en las películas subtextos, jugar con un Sade hecho por Kinski. Me gusta eso de no tener en claro los límites y estar un poco fuera del sistema, y llegar a un público que puede tener una lectura muy distinta de lo que está planteando. Si a mí me gusta el terror es porque allí el ser humano es protagonista y debe tomar decisiones que a diario no tomaría, y que lo define como persona.

P.: Eligió un fuerte desafío literario de ir transformándose relato a relato...

G. A.:
Un tipo de escritura que no había intentado y que no creo que vuelva a intentar. Una escritura que está en el límite, en el borde de volverse totalmente gore, pero se detiene, de volverse totalmente melodramática, pero se detiene. Disfruté escribiendo.

P.: ¿Por ejemplo cuándo tuvo que escribir un cuento porno?

G.A.:
¿Qué se entiende hoy por porno? Uno mira una película porno de Jess Franco ahora, y no es porno para nada. ¿En qué momento cambia el género de acuerdo con el momento y el lugar del mundo? Se lee distinto un cuento o una película cuando se sitúa en Ecuador, en EE.UU. o en Paraguay, cambia de algún modo a pesar de que la situación sea la misma, hay otra manera de entenderlo por la geografía.

P.: En "El extraño viaje" cuenta cómo destruyeron en Quito una radio que transmitía "La guerra de los mundos" al estilo de la de Orson Wells.

G. A.:
Ese programa funcionó tan bien como en Nueva York, sino más. El chileno Alcaraz que llevó el guión de la adaptación chilena, y en Chile no funcionó para nada. Y cuando llega a Ecuador, Leonardo Páez la adapta tan bien que convence a 300.000 personas de que lo que él lee está ocurriendo. Y la gente tras el terror, y luego verse estafada, sentía el orgullo de que los marcianos habían elegido Ecuador. Aquel hecho muestra nuevamente cómo un medio puede convencer de que una ficción es algo cierto, algo que ha ocurrido o que está ocurriendo...

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

G. A.:
"Humo", una novela que lleva 12 años de escritura y en la versión número 19 dí por concluida. Yo jugué básquet profesional en Paraguay, en el club Olimpia, y la novela comienza en 2004 con el horrible incendio de un centro comercial, a partir de ahí va saltando en el tiempo para tratar de entender el Paraguay desde la dictadura, el Partido Colorado, la Guerra del Chaco, desde lo que se va ocultando detrás del humo y nadie quiere ver. Ahora comencé una investigación sobre Dayuma, una mujer que dominaba numerosas lenguas y fue el puente para que hubiera un acercamiento pacífico con las etnias no contactadas de la amazonia ecuatoriana.

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