Enérgico Kirchner contra sus opositores en acto del regreso

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El halo posoperatorio con el que Néstor Kirchner se presentó ayer en el estadio platense de Atenas le agregó emoción a un duro discurso dedicado a sus opositores. El ex presidente acusó a la oposición de ser «una máquina de impedir» y al grupo Clarín se refirió como a «el monopolio que asusta con el riesgo de la inflación y lo primero que hace es subir un diez por ciento la tarifa del cable».

La primera reaparición de Kirchner después de la operación de carótida a la que fue sometido ofreció su clásico repertorio de críticas a quienes una vez más acusó de no querer «que Cristina gobierne». «No les interesa debatir un proyecto de país, sino quedarse con la burocracia del Estado», señaló el ex presidente en referencia a la votación de las comisiones en el Senado, suspendida ayer por falta de quórum, al retirarse el oficialismo.

«A ellos lo único que les importa es tratar de ser Gobierno de cualquier forma, no con el éxito de sus ideas, sino que tratan de hacer fracasar al Gobierno y se rifan las comisiones», remató Kirchner, que también los acusó de no tener mejores propuestas que la del Fondo del Bicentenario para que la Argentina comience a desendeudarse.

El uso de las reservas fue otro de los ejes del discurso. El ex presidente aseguró que el «fondo virtuoso» era «la culminación del proyecto nacional y popular que garantiza la transformación y el desendeudamiento de la Argentina». Así, los u$s 6.569 millones en reservas que el Gobierno quiere usar para renegociar con acreedores vencimientos de la deuda externa se convirtieron en una fuente inacabable de recursos que generará «nivel de riesgo 0 para la Argentina» y «liquidez presupuestaria para las provincias, inversiones en obras y para ayudar al campo y a la industria».

Al costado del escenario se cuadró la tropa kirchnerista bonaerense, encabezada por el gobernador Daniel Scioli; su vice, Alberto Balestrini; el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y el ministro de Justicia, Julio Alak, uno de los responsables del acto. También volvió a cobijarse debajo del ala kirchnerista todo el bloque de la Legislatura provincial díscolo, que había criticado al ex presidente semanas atrás, así como numerosos intendentes de la provincia. Contener la disidencia platense, liderada por el intendente Pablo Bruera, era el verdadero objetivo del acto, al que asistieron unas nueve mil personas. Pero ni siquiera se llegó a nombrar al insurgente, debido al entusiasmo del público con un Kirchner convaleciente y conmovido.

«Si ven que se me caen las lágrimas, es que estoy emocionado»
, anunció el diputado electo por la provincia de Buenos Aires, justo antes de frenar su discurso y escuchar los aplausos. Más flaco y con rostro cansado, Kirchner incluso se trabó en algunos momentos y se despidió con un llamativo: «Los quiero, los abrazo, muchos besos».

Antes le regaló un espaldarazo al líder de la CGT, Hugo Moyano, quien también viajó a la Plata para sentarse en el escenario de la lealtad. «Cada vez que los trabajadores argentinos hablan de salarios, los grupos concentrados y el monopolio hablan de inflación. Que no se equivoquen ni nos vengan con fantasmas. Hay que seguir», sentenció el ex presidente. Al lado, lo aplaudía el ubicuo sindicalista Víctor Santa María (porteros), quien aprovechó los aires conciliatorios posquirúrjicos de Kirchner para volver y ser perdonado por haber invitado al diputado del PJ disidente Francisco de Narváez a la cena de los porteros que organizó hace meses atrás en La Rural.

También incluyó otros puntos del repertorio como la referencia al «partido judicial» y los ataques contra la titular del grupo Clarín, a quien acusó de no acceder «a esclarecer la identidad de sus hijos».

También volvió a los clásicos golpes a la oposición, al subrayar que no quería «volver a ver la patria como cuando se cayó la Argentina, cuando no teníamos energía. Tampoco quiero que vuelva el neoliberalismo de los 90 y los que hoy hablan, pero que en 2001 nos dejaron cobardemente».

Kirchner aprovechó, además, para mortificar a Mauricio Macri por sus declaración sobre la falta de tiempo para avanzar en algunas gestiones de la Ciudad. «Me pregunto, si es presidente, cuánto va a tardar, ¿veinte años?», acotó.

La euforia del regreso tampoco excedió como para que Kirchner se lanzara ahí mismo a la presidencia de 2011.

«No es momento de hablar de candidaturas, pero será un compañero el próximo presidente. Ellos ya saben que nos les alcanza con las encuestas truchas y los ataques», aseguró el ex presidente.

También estuvieron presentes en el acto la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner; el titular de la SIDE, Héctor Izcazuriaga; la madre de Cristina de Kirchner, Ofelia Wilheim, y el titular de la Cámara de Diputados bonaerense, Alberto González. Entre los intendentes se encontraban Fernando Espinosa (La Matanza), Juan José Mussi (Berazategui), Francisco Gutiérrez (Quilmes), Mario Secco (Ensenada), Darío Díaz Pérez (Lanús) y Julio Pereyra (Florencio Varela).

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