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Entretenido manual del esnobismo

El esnob es, para decirlo del modo que lo bautizó La Bruyere, un Pámfilo, «un ser que está satisfecho de sí mismo, no deja de contemplarse, no sale de la idea de su grandeza, de sus alianzas, de su cargo, de su dignidad, quiere ser grande, cree serlo, no lo es pero intenta». Explica Rouvillois que hay un esnobismo mundano, que es el de aquellos que tratan de estar cerca de la clase alta, que aparentan pertenecer a ella, que para eso copian de forma caricaturezca sus tics, que son una especie de engreída imitación.
El esnobismo, si bien surgió con énfasis en la Europa del siglo XIX, especialmente de la pluma del inglés William Thackeray, puede rastrearse en la Roma de los Césares, está encarnado por el pamfilo Trimalción en el Satiricón de Petronio, y continúa reiterándose como modelo del ser ridículo, afectado y pomposo en las comedias de Moliere, en los relatos de Voltaire, en los libros de Proust, y de allí hasta hoy, constantemente. Hacia el final de su libro, Rouvillois pareciera compadecerse de los seres que ha descripto y dice que «después de haber trazado la historia de los esnobs, relatado sus manías, sus pequeñeces y sus ridiculeces, su incapacidad casi patológica de satisfacerse por sí mismos y su atracción irresistible por todo lo que brilla, ya fuera joyas de imitación o strass, en suma, después de haberlos contemplado desde todos sus aspectos y haberse burlado a gusto, sin duda, por necesidad de justicia, habría que incluir una nota un poco indulgente. El esnob merece nuestras burlas, pero también nuestra piedad, y a veces hasta nuestra gratitud».
Por una parte, el esnob vive el drama de la amenaza perpetua de ser desenmascarado y de ser ridiculizado para siempre. El esnob «se obliga a sí mismo a comportarse, vestirse, actuar y hasta pensar, no como lo haría naturalmente si tuviera libertad de movimientos, sino como lo hacen (o como se cree que lo hacen) aquellos cuyo nombre tratan de adoptar o cuya compañía buscan». Esto como ironizó Boris Vian en su canción «Soy esnob» es algo que requiere meses de trabajo, «es una vida de galeote», con el fatigoso denuedo de no poder desear sino lo que es deseado por otros, de defender a ultranza antiguas formas de pensar y a la vez sentirse que se está en la última y defender lo que se considera de vanguardia. Es en este último aspecto donde el esnobismo puede revelarse social y culturalmente útil al activar el deseo de tratar de encontrar lo mejor, de alcanzar la cima del buen gusto, y suelen ser, más allá de su voluntad, un aliciente, a veces saludable, para el desarrollo de las artes y de las ideas.
Frédéric Rouvillois es profesor de Derecho en la Universidad de Caen y de Historia de las ideas políticas en la Universidad de Derecho París Descartes, entre sus numerosos libros se encuentran «Historia de la cortesía», «La invención del progreso», «La utopía», y «La sociedad al riesgo de la judicialización».
M.S.


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