Tras una manifestación en la que participaron 2.000 opositores del Gobierno de Kiev, activistas prorrusos asaltaron la sede local de las fuerzas de seguridad, informaron medios locales. Armados con bastones, la multitud rompió una puerta y exigió la puesta en libertad de sus compañeros detenidos.
La Policía cedió a la presión y dejó en libertad a unos 70 presos arrestados tras los últimos enfrentamientos, según testigos. Unidades especiales hicieron retroceder después a los asaltantes, según se dijo. A algunos policías se les ofreció la cinta negra y naranja, una insignia militar rusa que se ha convertido en un símbolo de las revueltas, y cuando algunos agentes la aceptaron, una multitud de cientos de activistas lo festejaron.
El jefe de Gobierno ucraniano, Arseni Yatseniuk, viajó ayer a la ciudad junto al Mar Negro donde la noche del viernes 46 personas murieron y más de 200 resultaron heridas en un siniestro provocado en medio de enfrentamientos entre leales a Kiev y separatistas. Activistas prorrusos que habían atacado una manifestación nacionalista se refugiaron en una casa sindical, y al parecer sus opositores ucranianos incendiaron el local.
Yatseniuk responsabilizó a Rusia por la tragedia y aseguró que se trató de "un ataque organizado al pueblo". "La intención de Rusia era repetir en Odesa lo que ocurre en el resto del país", aseguró. Yatseniuk acusó a los manifestantes prorrusos de haber "provocado" la violencia. "Encontraremos a todos los instigadores y organizadores", prometió.
Sin embargo, también responsabilizó en parte a las fuerzas de seguridad. Si la Policía trabajase bien, la situación se habría calmado a tiempo, dijo, y anunció la destitución de toda la cúpula de las fuerzas de seguridad.
Los servicios secretos ucranianos, SBU, responsabilizan de la violencia a los colaboradores del destituido presidente Viktor Yanukóvich. Según una vocera del SBU, sobre todo el ex jefe de Gobierno Serguei Arbusov organizó los enfrentamientos. Éste rechazó hoy las acusaciones, a las que calificó de "cínicas e insolentes".
Mientras tanto, las fuerzas de seguridad ucranianas continuaron ayer con su denominada "operación antiterrorista" contra los separatistas prorrusos en el este del país, apoyados con helicópteros y vehículos blindados.
Operativo
En la ciudad de Lugansk murió al menos un separatista y otros dos resultaron heridos en un intercambio de disparos, informó el ministro de Interior ucraniano, Arseni Avakov. "Los terroristas utilizan armas pesadas. Pero mantenemos la posición", explicó Avakov en referencia a los separatistas.
También se informó de disparos aislados en Kramatorsk y Slaviansk, donde el sábado fueron liberados los observadores militares de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) que estaban retenidos desde el 25 de abril. "Seguiremos avanzando contra los extremistas y los terroristas que ignoran las leyes y ponen en peligro la vida de los ciudadanos", afirmó Avakov.
Tras la liberación de los observadores de la OSCE, Moscú teme que Kiev inicie una gran ofensiva contra los separatistas del este de Ucrania, según dijo el sábado en una conversación telefónica el canciller ruso, Serguei Lavrov, a su colega alemán, Frank-Walter Steinmeier.
Rusia exigió ayer a la OSCE y al Consejo de Europa una fuerte reacción a esa operación militar. El Gobierno ucraniano dirige "una acción de castigo contra su propio pueblo" y Occidente calla, criticó el Ministerio de Exteriores ruso.
A medida que la rebelión va en aumento, se plantean dudas sobre la capacidad del Ejército y la Policía ucraniana para hacer frente al levantamiento que según Kiev está respaldado por Moscú y liderado sobre el terreno por fuerzas especiales rusas.
La Policía del puerto oriental de Mariupol dijo que insurgentes afines a Moscú habían engañado a los soldados de un puesto de control para que comieran alimentos que contenían un somnífero. Los soldados fueron luego atados junto a sus armas, lo que llevó largas negociaciones para liberarlos.
Los enfrentamientos del viernes fueron los más mortales desde que el expresidente Yanukóvich huyó del país en febrero, y activistas prorrusos iniciaron levantamientos en el este industrial de Ucrania. También marcan los primeros desórdenes serios más allá de las áreas orientales desde la caída de Yanukóvich, que anuncian posibles problemas para Kiev.
Una guerra civil en Ucrania y la división de un país del tamaño de Francia tendría graves implicancias para sus vecinos, incluso para Rusia y los Estados de la OTAN.
| Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA |


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