Escándalo en EE.UU.: admiten que la NSA espía al Congreso

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Washington - El escándalo por el espionaje electrónico de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), que puso en crisis las relaciones entre Estados Unidos y varios gobiernos de mundo además de plantear interrogantes sobre una violación masiva del derecho a la intimidad de los propios ciudadanos norteamericanos, explota ahora en manos de la clase política que lo avaló a lo largo de los años. El fiscal general adjunto (viceministro de Justicia), James Cole, sugirió ayer en una audiencia ante legisladores que ellos mismos pueden haber sido objeto de vigilancia en sus comunicaciones y hasta dejó planeando la duda sobre si el presidente Barack Obama fue afectado.

La sorprendente revelación se produjo tras las preguntas apremiantes del republicano Darrell Issa, durante una audiencia desarrollada ante la Comisión de Justicia de la Cámara de Representantes.

Los espías de la NSA "¿recogieron datos sobre las llamadas telefónicas que empiezan con 202-225, seguido de cuatro cifras?", preguntó Issa, en referencia a los prefijos parlamentarios, que se marcan para llamar a las oficinas del Congreso. "Sin ser específico, probablemente lo hacemos", respondió Cole, sin rubores.

"Aunque eso no le es permitido a la NSA, salvo que haya una sospecha clara y razonable de que estos números están conectados a una amenaza terrorista", añadió.

El legislador quería saber, en concreto, si la NSA recolecta los números, la hora y la duración de las llamadas realizadas por los miembros del Congreso y funcionarios del Gobierno, información conocida como "metadatos".

El diputado Issa le preguntó a continuación si los teléfonos fueron monitoreados de modo permanente, algo que Cole decidió no responder.

El cuidado del funcionario se debe a la imposibilidad de dar falso testimonio dado que se sometió al interrogatorio bajo juramento.

El político republicano, un duro crítico de la Casa Blanca, quiso saber también si las llamadas del propio presidente también eran monitoreadas por el programa, lo que Cole tampoco contestó.

El tenso intercambio se produjo durante una audiencia sobre la reforma gubernamental del programa de recolección de datos revelado el año pasado por el exanalista de la NSA, Edward Snowden, buscado por la Justicia estadounidense y actualmente refugiado en Rusia.

La audiencia se produjo en medio de una creciente preocupación acerca de la vigilancia que lleva a cabo la NSA a nivel nacional.

El congresista James Sensenbrenner, uno de los principales autores de la ley que siguió a los ataques del 11 de septiembre de 2001, se declaró "impactado" por el modo en que esa norma terminó siendo usada para justificar el amplio operativo con el que se espían las comunicaciones telefónicas en el país.

"Si se hubiera debatido sobre el programa de recolección de datos en el Congreso, éste nunca habría sido aprobado", dijo.

La sección 215 de la ley usada para justificar el programa vence en junio de 2015 y con el rechazo que genera entre congresistas de ambos partidos, Sensenbrenner y otros sugieren que no será prorrogada. Así, miembros de la comisión advirtieron al Gobierno sobre la urgencia de que se aplique la reforma anunciada por Obama al programa de recolección de datos, sin lo cual la NSA perdería su autoridad para llevar adelante sus actividades.

Otro legislador, el demócrata John Conyers, parecía compartir la visión de sus pares y aseguró que hay cada vez más "consenso acerca de la ineficacia de este programa" de recolección de datos, aunque reconoció que sin la sección 215 se perdería una "valiosa herramienta de lucha contra el terrorismo".

El mes pasado, Obama dijo que su Gobierno considera reformar el programa, entre otros aspectos dejando de almacenar los datos recolectados, depositando esa tarea en manos de compañías telefónicas o de terceros.

No obstante, el presidente de la comisión de Justicia de la cámara baja, Bob Googlatte, advirtió que esa decisión podría "despertar más preocupaciones que las que resuelve acerca de la privacidad", esterilizando además los esfuerzos de inteligencia para hallar posibles casos de terrorismo.

Otra de las actividades de la NSA que Obama prometió modificar es el espionaje a las comunicaciones de líderes de gobiernos aliados, aunque no de otros de sus funcionarios.

El caso motivó una disputa particularmente agria con Brasil, cuya presidenta, Dilma Rousseff, canceló en octubre una visita de Estado a Washington.

También complicó el vínculo con Alemania debido a la vigilancia montada en torno de la canciller Angela Merkel.

En ese sentido, se supo ayer que la NSA también llevó a cabo tareas de espionaje que afectaron al antecesor de la canciller, el socialdemócrata Gerhard Schröder (1998-2005).

Según dijo el periódico Süddeutsche Zeitung, Schröder fue monitoreado por los servicios secretos poco antes de la guerra de Irak de 2003, a la que se oponía.

Agencias AFP, ANSA y DPA,


y Ámbito Financiero

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