28 de abril 2009 - 00:00

Esforzada y decorosa “Salomé”

La soprano japonesa Eiko Senda como la princesa Salomé. A veces su volumen fue insuficiente, pero logró convencer con la interpretación.
La soprano japonesa Eiko Senda como la princesa Salomé. A veces su volumen fue insuficiente, pero logró convencer con la interpretación.
«Salomé». Mús.: R. Strauss. Dir. Mus.: M. Perusso. Régie, esc. e il.: R. Oswald. Vest. A. Lápiz. Orquesta Estable (Teatro Argentino de La Plata). Próxima función: 3/5.

El Argentino de La Plata estrenó a 104 años de su «premiére mundial» el drama musical «Salomé», de Richard Strauss. Para un teatro lírico acceder a una obra de tal envergadura o a cualquiera de las otras tragedias líricas e inclusive, comedias del gran músico muniqués significa haber alcanzado la mayoría de edad. Esto es lo que ha ocurrido en La Plata con esta versión de la ópera inspirada por la obra de Oscar Wilde ambientada en los tiempos bíblicos y de claros rasgos psicoanalíticos, provenientes de las investigaciones freudianas hechas por la misma época de la composición de la obra.

Este alumbramiento del repertorio germánico en un organismo lírico dedicado al italiano y al francés en menor medida, es un suceso digno, aunque esto no quiere decir que la versión sea memorable ni mucho menos, pero sí atendible y elogiable. La Orquesta Estable produjo una interpretación notable de la partitura y acompañó a las voces con cuidado aunque en ocasiones el volumen haya sido demasiado estridente para algunos cantantes de registros medios.

A los músicos se los vio algo inseguros y atentos al momento de su intervención como hace mucho no se los veía. Habrá algún sonido para pulir pero en general fue una edición correcta y a veces, más que eso. Mario Perusso dirigió con pulso de conocedor aunque su temperamento es más itálico que germánico y ahí se notó alguna indecisión sobre todo con respecto a «tempi». Aun así creó el clima tenebroso que la ópera posee y también jugó con el «suspense».

Esta «Salomé» fue otro trabajo magnífico de Roberto Oswald (régie, escenografía e iluminación), quizá el único regista entre nosotros que puede exponer con tanta fidelidad lo que Strauss/Wilde le piden. El equipo de trabajo que lo acompaña (Christian Prego, escenográfo adjunto, y Aníbal Lápiz, vestuarista) siguen de cerca al maestro. En el elenco hubo cantantes calificados para algunos papeles y el resto demostró decoro y trabajo esforzado. La soprano japonesa Eiko Senda cantó con intencionalidad su papel perverso y abismal. A veces su volumen fue insuficiente pero logró convencer con una interpretación de niña caprichosa y horrorosa. Carlos Bengolea fue un muy buen Herodes en actuación y canto; Enrique Folger ofreció emisión potente y sensibilidad a su Narraboth y Graciela Alperyn, autoridad absoluta a su pérfida Herodías. El resto, ya se dijo, esforzado y decoroso.

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