26 de abril 2011 - 00:00

Esfuerzo del PJ anti-K para revivir interna

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Se vieron, tras larga ausencia, anoche. El anfitrión fue Adolfo Rodríguez Saá que sirvió la mesa para Ramón Puerta, el operador Ángel Torres, el sanjuanino Roberto Basualdo y el mendocino Enrique Thomas, recién incorporados ambos a la mesa del Peronismo Federal (PF). Faltó, con aviso, Juan Carlos Romero, fuera del país, que notificó que no podría llegar a tiempo.

Trataron de clausurar el papelón de la interna norteño (de la que Eduardo Duhalde se bajó un rato antes y a la que Alberto Rodríguez Saá se presentó solo) y tratar de revivir ese procedimiento que, admiten ahora, tenía al menos un encanto: los mostraba activos.

Se contaron, en la charla, que tanto el puntano como el bonaerense tienen voluntad de retomar esa disputa para definir al candidato presidencial del Peronismo Federal. El próximo turno, retomando el calendario, abarca las provincias de Córdoba y Santa Fe.

Será, según lo acordaron, el domingo 8 de mayo. Hasta entonces, de todos modos, tantas -y no precisamente buenas- cosas pueden ocurrir para abortar, esa vez quizá de manera definitiva, la aventura electoral de una interna propia, ajena a los K, del peronismo opositor.

Lo de anoche fue, tras el fracaso de la escala norteña y la posterior sucesión de reproches y críticas cruzadas, el primer testeo. En rigor, una señal para mostrar que queda, ahí, aunque atado con un alambre delgadísimo, la posibilidad de revivir la interna federal.

En ese camino, aparecen varios puntos para resolver: 

  • Abordar la cuestión norteña donde Rodríguez Saá, sin competencia, ganó y se autoatribuyó la totalidad de los delegados al Congreso del PF. Ese ítem debe discutirse para encontrarle una solución: ¿darlo por válido, reconvocar a las elecciones, repetir el turno en paralelo con la región puntana? No va a ser sencillo ese trámite. 

  • El otro asunto tiene que ver con establecer algún esquema de resolución de diferendos. La Junta Electoral está, hasta ahora, integrada por tres miembros de cada candidato. Es decir: cuando hay diferencias, la Junta Electoral siempre está empatada. Un tribunal con esa característica carece de sentido, al menos, a la hora de atender asuntos críticos, como el de las urnas en la elección del norte del país. 


  • En ese proceso, que debería destrabarse antes de la votación en Córdoba-Santa Fe, Duhalde y Rodríguez Saá tendrán que ratificar el acuerdo explícito de que la interna les conviene a los dos: los mantiene en escena.
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