16 de marzo 2010 - 00:00

Estalló guerra por presidenciales PRO

Gabriela Michetti
Gabriela Michetti
En el PRO se desató ayer la guerra en torno a la competencia de candidaturas que mantienen Mauricio Macri y Francisco de Narváez. Lo que parecía un juego de la agrupación que llegaría a su final midiendo qué candidato estuviera en mejores condiciones, terminó siendo aceptado como motivo de encono entre los aliados políticos. En el medio, Felipe Solá, renegando por partida doble. A eso se suma que dentro del propio macrismo hay quienes comulgan con la postulación del bonaerense más que con la del jefe porteño a pesar de reportar a las filas legislativas del PRO, como el caso del diputado Daniel Amoroso, integrante del bloque que conduce Cristian Ritondo.

Durante el fin de semana salió Gabriela Michetti a poner en claro la pelea. Dijo que De Narváez no había respetado los acuerdos políticos que debían mantenerlo en su territorio. Ayer, esa traición a los ojos PRO, fue revelada por el propio Macri y luego el ex socio salió al cruce.

La puja se acrecentó a partir del lanzamiento de Macri como candidato a presidente en un multitudinario acto en Luján, donde si bien el jefe porteño no lo admitió abiertamente, su postulación quedó en evidencia. Además ayer, durante la reunión del gabinete porteño, el secretario de Gobierno de la Ciudad, Marcos Peña, aseguró ante los ministros que el monitoreo de chances del mandatario de la Ciudad de Buenos Aires va en ascenso de acuerdo con encuestas que dijo manejar.

Macri aseguró ayer que De Narváez «tiene un impedimento legal» para ser «candidato a presidente», para referirse a la nacionalidad colombiana que reporta ese aspirante y por lo cual amaga con solicitar a la Justicia una declaración de certeza. Pero Macri además se quejó de la ruptura del acuerdo al cual habían arribado en Unión-PRO en oportunidad de las últimas elecciones, diciendo que ese aliado debería acordarse que «tiene un compromiso con la provincia de Buenos Aires».

«De Narváez tiene un impedimento legal que está viendo si lo puede remover. Las ambiciones personales son propias de cada uno, pero también le digo que recuerde que él tiene un compromiso con la provincia»
, remarcó el mandatario de la Capital Federal. Aseguró, sin embargo, que mantiene con su rival en materia electoral una relación «correcta» a pesar de que hace rato no tienen una conversación y que los dos se encuentran «trabajando en la provincia de Buenos Aires, como corresponde».

«El 28 de junio fue un muy buen punto de partida. Espero que para las elecciones de 2011 seamos muchos los que podamos confluir en una propuesta»
, desvió la atención Macri sobre la pelea interna que mantiene.

Destacó entonces que junto a su tropa comenzó a «recorrer el país» y, aceptó, en cuanto a su candidatura a presidente de la nación que tiene «ganas de hacer un aporte».

También Macri manifestó su «respeto» por «todos los dirigentes del peronismo que están trabajando para buscar dar una imagen distinta de la que está dando el presidente del peronismo en este momento» y que «el PRO es un espacio que siempre ha hecho frentes y ha sumado», y que la idea es «llevarle una propuesta de renovación a todo el país».

Por su parte, De Narváez replicó diciendo que seguirá «recorriendo el país» aunque haya quienes «se pongan incómodos».

«A los que se ponen incómodos porque estamos recorriendo la República les decimos que no van a dejar de sentirse incómodos porque vamos a seguir recorriendo todo el país en defensa del federalismo», afirmó el diputado nacional tras el reproche de Macri. «Mauricio está haciendo una postulación que me parece razonable pero que florezcan mil flores», ironizó luego, en una reunión de la cual estaba participando Jorge Macri, primo e integrante del equipo de campaña del jefe de la Capital Federal, ya que en la provincia el bloque Unión-PRO por ahora funciona sin mayores conflictos.

Por su lado, Amoroso, integrante de los equipos del bonaerense reforzó con que «al kirchnerismo se lo combate en las urnas, ganándole las elecciones y no con declaraciones sobre su modo de gobernar, que de tan repetidas terminan por aburrir a la sociedad».

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