No es algo nuevo afirmar que vivimos en un mundo hiperconectado, y que el uso de los celulares es algo cotidiano, y hasta en ocasiones necesario para muchas personas, ya que no sólo son usados con fines recreativos, sino que hoy en día se han transformado en parte del mercado laboral. Pero este estilo de vida, tiene sus consecuencias, ya que muchas veces nos encontramos con dolencias, pero nos cuesta determinar el origen. Algunas zonas se ven afectadas y ni siquiera lo percibimos, hasta que aparece el dolor. Por ejemplo, los brazos pueden molestarnos debido a los movimientos repetitivos y las malas posturas que involuntariamente tomamos. Algo frecuente es sentir dolor y rigidez tanto en los dedos como en las manos; llegando a veces a transformarse en un cierto hormigueo. Esto se debe a que la musculatura de nuestra mano se resiente ante tanto tiempo de estar pulsando las teclas del teléfono. Además, puede derivar en tensión en la zona de los hombros y el cuello. Los trapecios y la escápula sufren de esta sobrecarga provocándonos dolor. Por lo que la posición que adoptamos al utilizar nuestros dispositivos tecnológicos, genera alteraciones en la columna cervical provocando inestabilidad y rigidez en ciertas zonas de la columna vertebral. Al mismo tiempo, el sedentarismo y la falta de actividad física no colaboran al bienestar del organismo, y muchas veces el uso excesivo del celular deviene en este tipo de comportamientos.
