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22 de marzo 2019 - 00:01

Primer tiki bar en Buenos Aires, para comer y beber al estilo Hawai

Oh'No! Lulu desembarcó en Villa Crespo para rescatar una coctelería que se caracteriza por ser frutal y especiada. La venta visual y los "tiki mugs" artesanales.

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Villa Crespo se afianza como polo gastronómico, y sus calles cada vez albergan más locales que ofrecen platos y bebidas de distintas regiones. Ahora, el barrio fue el elegido para abrir un lugar hasta ahora inédito en la ciudad: el primer tiki bar, en el que se rescata una coctelería vistosa, frutal y especiada y una ambientación pop con reminiscencias hawaianas. Se trata de Oh’ No! Lulu Tiki Bar & Pupu Platter, una propuesta que seguro enamorará a los amantes del Mai Tai, y a los detractores de las papas con cheddar.

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Ludovico De Biaggi, Luis Morandi y Patricia Scheuer (también mentores de otros clásicos como Gran Danzón y BASA) son los creadores de este proyecto, el primero en el país que rescata la cultura tiki, que engloba símbolos maoríes vistos con la lente de la cultura pop retro estadounidense. De hecho, el término “tiki” refiere a las estatuas de gran tamaño con forma humana de la Polinesia. Y en Oh’No! Lulu no faltan los cócteles que se sirven en las míticas “tiki mugs”, recipientes vistosos que las replican y hacen de un trago un emblema inconfundible.

Entre los tragos que pueden disfrutarse en estos tradicionales recipientes está el Zombie (un cráneo prendido fuego para los que quieran fotografiar antes de beber), el Shark (servido en un tiburón al acecho que se vuelve menos amenazante con un sorbete) y el Doctor Jones (una recomendada receta propia de De Biaggi servida en una réplica exacta de las estatuas). Pero la oferta de tragos es mucho más amplia y democrática, ya que todos ellos, más allá de sus ingredientes cuestan $220. Y si bien a ninguno le falta algo de dulce, los hay para todos los gustos. Desde el daikiri de frutilla a la piña colada, hasta propuestas más complejas como el Derby Cocktail Tropical (a base de whisky) o el Pelotón (para quienes quieren picante en su bebida).

Muai

Pero otros de los fuertes de Oh’ No! Lulu es su carta, así como también su amplitud horaria para disfrutarla, ya que la cocina está abierta desde las 17 hasta la medianoche (sólo cierra los lunes).

Para los que suelen pedir papas, el mejor reemplazo es la vistosa Flor de Cebolla, que se sirve frita y con un dressing. A los ansiosos que quieren probar un poco de todo se les recomienda el Pupu Platter, una receta tradicional de la cocina hawaiana que incluye cinco appetizers del menú, como spring rolls, pechito de cerdo laqueado, alitas hawaianas, croquetas de langostinos y pescado y colesaw polinesio. También para los amantes del pescado está el Lomi Lomi Salmon, una suerte de ceviche, y de postre, nada mejor que el cremoso Banoffee Pie, servido en un tupper en forma de banana.

Para una experiencia ágil y descontracturada, los tragos y la comida se piden y abonan en la barra (los que quieran un cóctel en una tiki mug, que son piezas artesanales, deberán dejar una identificación a modo de seguro) y la comida se entrega una vez que está lista desde la gran ventana que comunica la cocina con el salón, difícil de olvidar por sus luces rojas y su ambientación, que corta con el paisaje citadino. Honolulu, en hawaiano, significa “lugar resguardado”. Oh’ No! Lulu, sin duda, también lo es.

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