Alguna vez hubo un asesino capaz de convencer a todos de que él no podría haber matado a ninguna de las mujeres por las que lo acusaban con el simple pretexto de ser un joven apuesto, de clase media, con inclinaciones políticas fuertes y con una sonrisa que, con el pasar de las semanas, pasó de ser su principal defensa a encerrarlo en su propio laberinto. Ted Bundy fue uno de los asesinos en serie más sangrientos en toda la historia criminal de Estados Unidos, sin embargo en la actualidad todavía tiene un séquito de personas que defienden su inocencia basadas en las mismas cuestiones que hace casi 40 años atrás.
