22 de junio 2010 - 00:00

Europa copia a EE.UU. y aniquila la crisis

José Siaba Serrate
José Siaba Serrate
La ofensiva europea contra la crisis se apresta a instalar un nuevo mojón decisivo. Y así estrecha el cerco que hoy inhibe su propagación y que, con paciencia y tiempo, permitirá -de no mediar una gestión groseramente inadecuada- su definitivo control. Con la publicación de los exámenes de estrés de sus 25 bancos principales, la Unión Europea dará un paso crucial para cortar la desconfianza en un sistema financiero expuesto con generosidad a las penurias de los países mediterráneos. Es un eslabón que completa una estrategia que ya develó otros de sus componentes: la férrea voluntad de mantener corrientes las obligaciones de Grecia (contra la muy voluble opinión de los mercados), la compra de deuda de largo plazo por parte del Banco Central Europeo (aun aquella desprovista de grado de inversión), el suministro de toda la liquidez que requiera la banca (vía operaciones de refinanciación a una tasa básica del 1%) y la constitución de un fondo ad hoc de auxilio -la Facilidad Europea de Estabilización Financiera- a pertrechar con 750 mil millones de euros.

Dado que en su esencia, los problemas crediticios son los mismos que los que convulsionaron al mundo dos años atrás- aunque sean otros los activos tóxicos que quitan el sueño- no debe extrañar que se ensayen medicinas repetidas. Muy a su pesar, Europa copia a los Estados Unidos. Su baza favorita -el anuncio de un ataque de raíz a los desequilibrios fiscales- lejos de alinear las expectativas a favor, como vaticinaba el eje Berlín-París, contribuyó a encender las llamaradas de un incendio vertiginoso. Hubo pues que recurrir a un vademécum ajeno, acerbamente criticado en su momento por Europa, pero efectivo. El salvamento a Grecia se nutrió de la experiencia de Bear Stearns (el sendero natural, la vigencia de las cláusulas antirrescate del Tratado de Lisboa, conducía a otro Lehman Brothers). Que el Banco Central Europeo manche sus pergaminos con la compra de deuda pública -una operatoria que no sólo afecta el nivel del crédito sino su asignación- replica los empeños de la Fed y del Banco de Inglaterra (y, mucho antes, del Banco de Japón). Es obvio además que el plan TARP inspiró la creación del fondo europeo de estabilización. No importa que no coincidan los propósitos originales. El plan TARP tampoco se ajustó a ellos. Lo que vale es que satisfacen el mismo rol. Se precisa un baúl con recursos abundantes, que permita atender las vicisitudes inevitables del camino y calme los nervios. Con la decisión de difundir las notas de las pruebas de estrés, y su detalle banco por banco, la Unión Europea, por último, reproduce la jugada magistral de «Tim» Geithner al comando de la Tesorería de los EE.UU. Y, cabe presumir que si la copia es buena, obtendrá el mismo éxito.

Los exámenes se publicarán a fines de julio pero, en rigor, ya fueron tomados la semana pasada. No obstante, que estuviesen listos no bastó para disparar la medida. Una vez más, cuándo no, Alemania se oponía y hubo que torcerle el brazo para destrabar el bloqueo. Días atrás, Josef Ackermann, el presidente del Deutsche Bank, había juzgado su difusión como «muy peligrosa». Pero la necesidad tiene cara de hereje. Y quién más urgido que el líder español José Luis Rodríguez Zapatero. Martirizado por las versiones persistentes de un rescate en ciernes, que Bruselas identificó como provenientes de Alemania, Zapatero mató dos pájaros de un tiro. Declaró el miércoles que España, en forma unilateral revelaría la suerte de sus bancos y así le pasó el hierro caliente a los demás. Los contrarrumores hispanos -que Santander y BBVA obtuvieron las dos mejores calificaciones de la región- ganaron inmediata credibilidad. Y, en el mismo acto, Madrid se cobró revancha. Al día siguiente toda Europa debió plegarse. Ocurre que el que calla, otorga. Y cuando lo que se cultiva es una crisis bancaria y alguien habla, el silencio está reñido con la salud. Hasta Angela Merkel tuvo que sumarse.

Cuando Geithner recurrió a las pruebas de estrés, era juez y parte interesada. Con los bancos en la picota, un aplazo masivo no era un resultado admisible. De hecho, hubo un único bochazo rotundo entre los veinte evaluados: GMAC. Los casos más sensibles -como Citigroup y Bank of America, a quienes no les alcanzó con la capitalización original que dispuso el plan TARP- ya habían recibido, o pactado los refuerzos pertinentes. El propio GMAC no quedó expuesto a la intemperie. La brecha de capital la cubrió también el plan TARP (lo que se conoció junto con la noticia de la desaprobación).

Entender por qué la estratagema funcionó es clave. El «timing» de los exámenes fue un elemento decisivo. Ese aspecto lo manejó la Tesorería y no fue el fruto, por ejemplo, de la ofuscación circunstancial del gobernador de Puerto Rico. Tres meses antes, las pruebas hubieran arrojado calificaciones de difusión no recomendable. O, alternativamente, se hubieran logrado las mismas notas -relajando la severidad de los escenarios contemplados- pero sólo al precio de una total irrelevancia.

¿Qué tan bien calibrado está el tiempo de esta réplica europea? Desde ya que no es el óptimo. Luce prematuro. Resulta evidente que no existió un proceso previo comparable de capitalización de la banca. Y la fuente de provisión extraordinaria -el equivalente al plan TARP- no está todavía operativa. Es verdad que en los EE.UU., la propia difusión de los análisis -y su calurosa recepción- se convirtió en una profecía autocumplida. El valor de mercado de los bancos aumentó y, a su vez, ello reactivó el interés de los inversores privados por aportar nuevos capitales (en un mes, unos 75 mil millones de dólares, lo que apuntaló aún más su capacidad patrimonial). Quizás juegue a favor, en este caso, que la agencia Moodys ya publicó un simulacro de examen y sus conclusiones fueron extremadamente alentadoras. Como sea, la apuesta está formulada. No hay marcha atrás, no se puede fallar. La presentación debe ser inobjetable. De aquí a fines de julio habrá que deponer las rencillas, definir las ayudas necesarias y cubrir así todo flanco vulnerable.

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