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Falta cohesión en simpático espectáculo “Tango Clip”

«Tango Clip. Music Hall». Dir: J. Murria. Int: B. Caccia, G. Lima (voz, actuación) y N. González Figueroa (piano). (La Scala de San Telmo, todos los viernes).

Tres mujeres jóvenes y bellas sobre un escenario son, de por sí, algo que puede resultar muy atractivo, especialmente para el público masculino. En este caso se trata de dos cantantes y actrices, Belén Caccia y Gimena Lima, que cuentan con el único respaldo de algunos pocos elementos y con la solvencia de Natalia González Figueroa, una gran pianista formada en el mundo de la música clásica aunque también con experiencia en el ambiente tanguero.

«Tango Clip» es una sucesión de tangos, con especial atención sobre los muy antiguos, y piezas de otros géneros, pero de ese mismo territorio estético: vals criollo, bolero argentino, ranchera rioplatense, milonga. Caccia y Lima cantan sostenidas en el piano virtuoso y a la vez «mugriento» de González Figueroa. Pero muy claramente intentan romper el típico molde del recital. Los temas se van sucediendo, interpretados por una, otra o ambas cantantes, adoptando el papel de diferentes personajes de mujeres abandonadas, ambiciosas, resentidas, golpeadas, dominantes y dominadas, para cuyas caracterizaciones se bastan con un palo de amasar, un tejido, una valija, un cigarrillo que no enciende, un tapado u objetos por el estilo.

Si de música se trata, y considerando que no es esa su actividad principal, Caccia y Lima son cantantes aceptables, de afinación prolija en general, que pueden tener algunos problemas cuando abusan del registro agudo. Como actrices, son simpáticas, detestables, sexys o dignas de piedad según los personajes que van asumiendo. Los títulos elegidos son todos muy conocidos para los habitués del repertorio tanguero: «Qué me van a hablar de amor», «Nada», «De mi barrio», «Fumando espero», Nunca tuvo novio», «Aquel tapado de armiño», «Haragán», «Pasional», «Besos brujos», «Atenti pebeta», etcétera.

Lo que no termina de quedar del todo claro es hacia dónde apunta el espectáculo. Su manera acelerada de cantar -rompiendo intencionadamente la rítmica y el fraseo del tango- y el toque grotesco con que juegan muchas veces, hace pensar en una mirada un poco burlona sobre esas poesías del pasado; pero en definitiva, esa intención no queda bien planteada. Y falta, sin dudas, un hilo que conduzca el espectáculo hacia un desarrollo y un final que tenga verdaderamente ese sentido. Así, lo mejor sucede en momentos concretos y determinados, como en un recital: «Me enamoré una vez» por Caccia, «Mala suerte»

por Lima o el «Tal vez será su voz» que comparten en el final del show.

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