2 de julio 2012 - 00:00

Favero: “Improvisar en música es cosa seria”

Alberto Favero ante dos proyectos en el año: «Mucho más que dos», con Nacha Guevara, y una versión propia de «West Side Story».
Alberto Favero ante dos proyectos en el año: «Mucho más que dos», con Nacha Guevara, y una versión propia de «West Side Story».
Dos proyectos cruzan el presente de la vida artística de Alberto Favero. Por un lado, la reposición de una dupla que ha protagonizado muchas veces junto a Nacha Guevara, con quien hará «Mucho más que dos» en el teatro SHA los días 13 y 20 de julio; por el otro su versión de buena parte de las canciones de «West Side Story» («Amor sin barreras») de Leonard Bernstein con sus arreglos y su piano, Marcelo Mayor en la guitarra, Quintino Cinalli en batería y Arturo Puertas en contrabajo. Eso ocurrirá los viernes, a partir del 14 de julio, en Clásica y Moderna y tendrá también muy pronto su edición en CD. Dialogamos con él:

Periodista: Estuvo varios años fuera del país...

Alberto Favero: Cinco. Primero fui convocado por una empresa importante, multinacional, para hacer «Cabaret» en la versión de Sam Mendes. Esa empresa tenía su sede en la Argentina y la idea era ponerlo aquí. En ese momento, acá nos complicó la crisis de 2001 y finalmente esa versión no se hizo. Pero el equipo estaba armado y decidieron llevar buena parte para presentarlo en España. Fue algo maravilloso. Estuvimos tres años en Madrid, uno en Barcelona y otro de gira por el resto del país. En total, 1600 funciones de las que yo hice 1400 en vivo, porque en el medio me ofrecieron también hacer un año de «Victor Victoria» en Madrid.

P.: A usted se lo asocia con la música de escena, con las canciones sobre poesía de Mario Benedetti, por los musicales junto a Nacha, por su parte jazzística. ¿Cuál de todos es el más auténtico Favero?

A.F.: Con la humildad del caso y sin pretender ponerme a su altura, diría que no hay diferencias y que todo se junta como ocurre justamente con Bernstein, que escribió música clásica, que fue experimental y que también hizo «West Side Story». Creo que la música es una sola y que somos muchos los que hacemos diferentes cosas. Pensemos por ejemplo que muchos de los que llamamos «standards» en el jazz son canciones que salieron de los musicales, de Cole Porter, de Gerswhin o de otros. Así que soy el mismo cuando escribo canciones, cuando compongo o arreglo para la escena como fue en «Eva», cuando hago jazz o cuando hago mi versión de un musical. Me gusta imaginar la música como un complejo interconectado, como ocurre con el sistema de cañerías de la Alambra. Entonces, ahora tendré mi lectura de Bernstein desde el lugar del jazz.

P.: ¿El jazz es en definitiva una forma de hacer la música más que su contenido básico?

A.F.: Algo así decía no me acuerdo si Armstrong o Ellington, aunque yo no estoy tan de acuerdo. Por un lado está la improvisación, que no es ninguna pavada y que no debería confundirse con esa acepción que tenemos de hacer las cosas sin seriedad. Como hacen los actores, los músicos usamos la improvisación para investigar un tema y a partir de ahí desarrollarlo, para trabajar con sus motivos, para hacer algo que también hacía Beethoven hace tiempo. Pero después, creo que cada música tiene un swing propio y no es lo mismo tocar un tango, un candombe, una bossa nova o un «standard», más allá de que siempre se puede trabajar con improvisación y con armonías más jazzísticas.

P.: Volviendo a la idea de los diferentes Favero, ¿distingue entre las cosa que hace por placer y las que hace puramente por trabajo?

A.F.: Para nada, porque elijo lo que hago siempre y todo lo hago con placer. Con todas esas funciones que hice de «Cabaret» en España, jamás me aburrí justamente por eso. Cuando tuve que hacer «Tita», fue muy estimulante lo de investigar en el pasado del tango y de la música argentina; ver cómo se iba transformando esa música junto con la sociedad. Y a la vez disfruto mucho el hecho de tocar en pequeño formato, más camarístico, en un lugar como Clásica y Moderna que me permite estar muy cerca del público y hasta a su misma altura. Si estuve unos meses sin actividad visible fue porque necesitaba parar un poco después de la seguidilla de «Cabaret», «Tita», «Piaf», «Eva». Yo vengo de una familia de músicos y no hubiera podido hacer otra cosa; de modo que siento gran placer con mi trabajo. Por supuesto, está bien que uno cobre, pero si todos pudiéramos trabajar en lo que nos gusta, el mundo andaría mejor y la productividad aumentaría. Así que me ocupo de que mi actividad jamás se convierta en algo gris, aún cuando haya temporadas largas.

P.: No es lo que se escucha en todos sus colegas.

A.F.: Es que no sólo pasa en la música. Los argentinos somos proclives al lloriqueo y tenemos que abandonarlo. No se trata de negar los problemas que hay ni olvidarse que son muchos los que tienen que trabajar de lo que pueden para subsistir. Pero a la vez creo que todos traemos -por herencia genética, por formación familiar- una especie de predeterminación, un talento o una aptitud para algo. Se trata entonces de descubrir cuál es y trabajar en ese sentido.

Entrevista de Ricardo Salton

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