8 de octubre 2009 - 00:00

FIBA: “Stravinsky”, entre discutible y deslumbrante

El coreógrafo y bailarín finlandés Tero Saarinen deslumbra en «Hunt» («La consagración de la primavera»), mientras en la primera parte, su versión de «Petrushka» no convence demasiado.
El coreógrafo y bailarín finlandés Tero Saarinen deslumbra en «Hunt» («La consagración de la primavera»), mientras en la primera parte, su versión de «Petrushka» no convence demasiado.
FIBA: «Stravinsky Evening». Coreog., int. y dir. : T. Saarinen. Obras: «Petrushka» y «Hunt». (Teatro San Martín, 6/10).

Con una demora de 25 minutos en el comienzo de la función y un exabrupto lanzado en la oscuridad contra Mauricio Macri, se abrió el VII Festival Internacional de Buenos Aires. El espectáculo finlandés «Stravinsky Evening» reunió dos obras del autor ruso con coreografía de Tero Saarinen, uno de los más trascendentes creadores de la actualidad en Finlandia y figura clave de la renovación de la danza a nivel internacional.

El espectáculo está constituido por dos obras emblemáticas de Igor Stravinsky: «Petrushka» y «La consagración de la primavera», retitulada como «Hunt». En «Petrushka», el coreógrafo trabajó con sólo tres bailarines que asumieron los roles protagónicos de la obra, respetando el planteo original de la historia trazada por el mismo Stravinsky y Alexandre Benois. El lenguaje utilizado fusiona la danza clásica con otras formas contemporáneas y una fuerte presencia teatral. Diseñada en media punta, la obra se resuelve a medias, ya que le falta el entorno fundamental de la feria de San Petersburgo, que en la versión de Fokine es asumida por el cuerpo de baile. Menos adecuada aun pareció la música de Stravinsky tocada por dos acordeonistas, autores asimismo de los arreglos. Se priva de esta manera de la audición de la maravillosa orquestación de singular colorido del autor ruso. De la misma manera, la coreografía, simplista y poco virtuosa, difiere esencialmente de la escritura de Mikhail Fokine, creación original preparada para los «Ballets Russes», de Serge Diaghilev. Los tres bailarines y los dos músicos cumplieron aceptablemente con lo que se les pidió.

«Hunt», que ocupa toda la segunda parte, es una reelectura de «La consagración de la primavera» destinada a un solo intérprete (el excelente Tero Saarinen). La impactante partitura de Stravinsky se oye esta vez en una óptima grabación de Esa-Pekka Salonen con la Philharmonia Orchestra. El solo de 35 minutos va in crescendo, desde una danza de búsqueda en el espacio semicircular descripto por la escenografía, hasta alcanzar en los tramos finales una suerte de sublimación del movimiento y del salto, con ecos de la muerte del cisne en sus convulsiones finales. El lenguaje una vez más fusiona la planificación académica con la danza contemporánea. Un multimedia que se proyecta en el cuerpo del bailarín crea una cinética de impactante plasticidad acrecentada por las luces de Mikki Kunttu, el vestuario de Erika Turunen y la danza virtuosistica de Tero Saarinen, enredado sensiblemente en una suerte de estallido visual de estupendos resultados estéticos.

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