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Fisuras en el Gobierno alemán sobre los plazos
De un lado está la tesis defendida hasta ahora sin fisuras por Berlín, según la cual Atenas debía cumplir a rajatabla sus compromisos sobre las medidas de austeridad acordadas a cambio del rescate financiero, y que el viceportavoz del Ejecutivo, Georg Streiter, resumió ayer a la mañana como «nuevo Gobierno, viejos compromisos».
De otro, la idea que lanzó el domingo por la tarde, de forma sorpresiva y desatando las esperanzas helenas, el ministro de Relaciones Exteriores, Guido Westerwelle, al asegurar que «se podría hablar de cambios en el cronograma», y que coincide con las últimas conjeturas que circulan en Bruselas.
«Prevalece lo que está acordado», repitió en varias ocasiones Streiter en un encuentro rutinario de portavoces gubernamentales con medios de comunicación. «Nadie está hablando de cronogramas en estos momentos», aclaró.
Streiter evitó en este contexto pronunciarse sobre qué pasaría en el caso de que el nuevo Gobierno pidiese a la «troika» más tiempo para cumplir las reformas, algo que ya se baraja en Bruselas y que probablemente se evaluará en la próxima reunión del eurogrupo, prevista para este jueves.
En este sentido, agregó que el objetivo de que la deuda griega se reduzca hasta alcanzar el 120% del Producto Bruto Interno (PBI) del país para 2020 se mantiene, asegurando que «eso hasta el día de hoy no ha cambiado».
El vocero reflejaba con sus palabras la posición monolítica que han mantenido hasta el momento la canciller federal, Angela Merkel, y su ministro de Finanzas, Wolfgang SchTMuble, que se encuentran en México para participar en la cumbre del G-20 en Los Cabos.
El portavoz de Exteriores, Andreas Peschke, aseguró ayer que lo «sustancial» del programa griego de reformas y ajustes debe «mantenerse», pero se vio en serias dificultades para explicar la posición de su ministro en cuanto a los plazos.
Streiter y la portavoz de Finanzas, Marianne Kothé, aprovecharon un encuentro con la prensa para perfilar la posición alemana de cara a
la próxima cumbre de la Unión Europea (UE), prevista para el 28 y 29 de junio, la enésima que persigue estabilizar la eurozona.
Recordaron los trabajos para concretar el impuesto a las transacciones financieras, negaron tener conocimiento de un plan de crecimiento francés para inyectar 120.000 millones de euros y reiteraron su negativa a las propuestas de colectivización de la deuda, sean eurobonos, el fondo de amortización de la deuda o los «eurobills».
Agencia EFE


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