Ya adaptada en los años 30 por Ernst Lubitsch, la versión actual añade una intriga adicional.
Frantz. Conviene no conocer el título original de la obra de Rostand, ya que es un “spoiler” de su argumento.
Quedlinburg, 1919. El viejo pueblito alemán después de la Primera Guerra. Una joven visita la tumba de su amado. Perpleja, descubre que alguien más le lleva flores. Alguien que se presenta como un amigo de otros tiempos. ¿Qué clase de amigo, tan lleno de dolor y tan valiente, o inconsciente, como para visitar tierra enemiga? Porque se trata de un francés. Los lugareños lo aborrecen. El mismo padre del finado tarda en recibirlo. ¿A qué vino?
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Ese hombre oculta la verdad. ¿Pero qué verdad? ¿debería decirla? ¿de qué modo, a quién, en qué momento? Más adelante también la joven ocultará algo y le preguntará a su confesor si debe decirlo. Muy interesante, y muy sabia, la respuesta del cura. La piedad, la caridad, transitan esta obra, pero también el resentimiento, los malentendidos, los engaños, la ilusión. Y la culpa.
Maurice Rostand elaboró esta historia en una novela y una obra de teatro cuyo solo título despejaba el misterio. Ernst Lubitsch la llevó al cine como "Broken Lullaby", una obra intensa y sorprendentemente breve con Lionel Barrymore, acá bautizada "Remordimiento". La versión de François Ozon que ahora vemos se alarga un poco pero va más allá, agregando un nuevo conflicto y otras miradas. De suave emoción, tiene exquisita fotografía en blanco y negro (y fragmentos en color para las escenas de lindos recuerdos, ciertos o imaginados), y en especial tiene una actriz deliciosa, Paula Beer, y un actor bastante parecido al delicado Rostand, Pierre Niney, con lo que el espectador actual puede sospechar una cosa y encontrarse con otra más interesante. Conviene verla sin spoilers, pero con un pañuelito al alcance de la mano.
"Frantz" (íd., Francia, 2016). Dir.: F. Ozon. Int.: P. Beer, P. Niney, J. von Bulow, M. Gruber.
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