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Furiosa con Moyano, Cristina amenazó con abortar reelección
En José C. Paz, Cristina de Kirchner fustigó el accionar del jefe cegetista.
Secuencial, la Presidente eslabonó un discurso hipercrítico de los modos sindicales -focalizados en los paros en Aerolíneas Argentinas como antes los dirigió a los bloques de refinerías por parte de Pablo Moyano- y lo ligó, en un giro final, con su destino político.
«Yo no estoy muerta por volver a ser presidenta muchachos, yo ya di todo lo que tenía que dar, a mí no me van a correr», dijo, desde un escenario en José C, Paz, escoltada por el cacique local, Mario Ishii y el secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
Ese «muchachos» lo especificó antes cuando habló de los «compañeros trabajadores» y se quejó de quienes la «vivan» pero luego toman medidas que perjudican a su Gobierno.
El mismo planteo lo había expresado el lunes pasado, molesta por los bloqueos encabezados por Camioneros. Ayer lo amplificó, le puso más intensidad y lo vinculó, directamente, con su decisión de pelear o no por su reelección.
Lo condensó en una frase. «Estoy cansada -dijo- de los que dicen ayudar y vivan el nombre de Cristina y al otro día hacen exactamente todo lo contrario para que esto tenga problemas o se derrumbe».
La lectura, hacia adentro y hacia afuera, es lineal: Cristina de Kirchner podría decidir no competir por un tercer mandato K si los gremios, en particular los alineados con Moyano -técnicamente aliados- no bajan su nivel de conflictividad.
El tono emotivo, con dramaturgia e indicios de llanto, la Presidente completó el círculo. «Estoy haciendo un inmenso esfuerzo personal y hasta físico para seguir adelante», dijo y traficó, en ese lamento, una bomba sucia: «En todo caso si hay algunos que creen que puede ser mejor otro modelo, que creen que han tenido o tienen tanto poder para torcer voluntades, para que este modelo sea desprestigiado, quiero decirles que conmigo no van a contar.
El eje discursivo se enlazó en todos los puntos. La referencia al «desprestigio» del modelo linkeó con unos párrafos previos cuando consideró que la «extorsión» en sus reclamos no hace más que «desprestigiar» al sindicalismo.
Sostuvo, en esa línea, que son los «sectores que tienen buenos salarios» donde los «dirigentes nos someten a prácticas» que «terminan desprestigiando el movimiento sindical».
La ráfaga repetida contra Moyano marca un matiz inocultable con el trato que la Casa Rosada le da a Gerardo Martínez, jefe de la UOCRA, que anteayer fue recibido en Gobierno por la Presidente, y elogiado por la baja exposición con que negoció su paritaria con un aumento del 24%.
Solidario
El afeite presidencial al camionero, que minutos antes había iniciado Ishii (ver recuadro) rondó un concepto dirigido a la clase media y que destroza el criterio sobre el que construyó y multiplicó su poder el jefe de la CGT: la negociación sectorial a costa de todo.
En ese punto, Cristina de Kirchner recordó que el origen etimológico de la palabra sindicato es «solidaridad». Fue el pie para otra metralla nociva contra Moyano.
«Cuando -dijo- a una organización sindical solamente le impacta o le importa lo que les pasa a sus afiliados y a partir de eso toma actitudes que terminan perjudicando al conjunto de la sociedad deja de ser un sindicato para transformarse en una corporación».
En su discurso, jamás mencionó a Moyano, pero la figura del jefe de la CGT fue un reflejo inevitable frente a cada párrafo furioso de la Presidente.


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