25 de febrero 2011 - 00:00

Gadafi apela a mercenarios para lanzar feroces represalias

Manifestantes anti-Gadafi se congregan en Bengasi, la segunda ciudad de Libia, que hace días no controla el régimen. Abajo, la imagen muestra el caos de cientos de ellos que tratan de salir del país desde el aeropuerto de Trípoli.
Manifestantes anti-Gadafi se congregan en Bengasi, la segunda ciudad de Libia, que hace días no controla el régimen. Abajo, la imagen muestra el caos de cientos de ellos que tratan de salir del país desde el aeropuerto de Trípoli.
Bengasi y Trípoli - Fuerzas leales a Muamar Gadafi lanzaron ayer un feroz contraataque apoyados por mercenarios extranjeros, en el último intento del régimen por combatir a los rebeldes que ya controlan el este de Libia y avanzaban en el oeste.

En un bizarro llamamiento a la calma, Gadafi culpó de la revuelta al líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, en una proclama con la que procura retrasar una reacción de Occidente, y afirmó que los manifestantes fueron incitados con leche y Nescafé que contenían drogas alucinógenas.

El polémico líder, que hace sólo dos días había prometido en un discurso televisado combatir a las «ratas» de la revuelta y luchar hasta el final, no mostró ira en la intervención de ayer. En esta ocasión, salió al aire vía telefónica. «Tienen 17 años. Les dan pastillas por la noche, les ponen pastillas alucinógenas en sus bebidas, en su leche, su café, su Nescafé», dijo.

En otro párrafo de la entrevista retransmitida por Al Yazira, Gadafi comparó a su país con Irak y Afganistán por el riesgo de ser atacado «por Estados Unidos», y afirmó que podría cerrar la provisión de petróleo. «Libia puede seguir el mismo camino que Irak», alertó.

El líder libio, que no tiene asegurada por completo la lealtad de sus Fuerzas Armadas, parece haber recurrido a mercenarios de otros puntos de Africa para reforzar la sangrienta represión que está llevando a cabo en el país.

Testigos y grupos de derechos humanos denunciaron miles de extranjeros entraron al país para combatir, quizás veteranos de guerras e insurgencias de otros lugares de África, habitualmente de países con los que Gadafi construyó vínculos.

En Egipto, un estudiante libio de 21 años llamado Sadam reveló que antes de huir del país había visto a combatientes negros que hablaban en francés disparando contra grupos de manifestantes. Sin embargo, Libia tiene su propia población negra, además de miles de refugiados africanos que esperan cruzar a Europa.

Aun así, el líder del grupo de trabajo sobre mercenarios del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos destacó que las evidencias sobre su uso estaban volviéndose cada vez más convincentes. «No es al ciento por ciento, pero parece probable», afirmó José Luis Gómez del Prado. «Pudiera ser que el Ejército no quiera disparar contra sus hermanos y tendría sentido por ello que Gadafi los usara», añadió.

Citando informaciones de grupos de exiliados libios, la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH) con sede en París estimo que Gadafi está apoyándose en hasta 6.000 combatientes extranjeros para aferrarse al poder, 3.000 de ellos en la capital, Trípoli.

Puño de hierro

La FIDH dijo que los combatientes extranjeros procedían de muchos países, entre ellos Chad, Mali, Nigeria y Zimbabue, además de liberianos que lucharon para Charles Taylor, el expresidente que ahora está siendo juzgado por crímenes de guerra en Sierra Leona.

A pesar del uso desproporcionado de la fuerza, el puño de hierro de Gadafi parecía no estar teniendo éxito: la rebelión popular controla desde el martes una gran parte del este del país y avanzaba en el oeste.

De acuerdo con informaciones de testigos, hombres fieles a Gadafi atacaron ayer a milicias antigubernamentales que controlan Misrata, la tercera ciudad más grande de Libia (200 kilómetros al este de Trípoli). En los enfrentamientos habrían muerto decenas de personas.

Asimismo, el régimen defendía Zawia (oeste), uno de sus últimos bastiones. «Las milicias están bombardeando Zawia, están masacrando, la gente está muriendo», afirmó un exoficial del Ejército. En la localidad de Zuara, también al oeste, testigos indicaron que los manifestantes incendiaron el puesto de bloqueo gubernamental y que los policías y militares habían huido del lugar, por lo que la ciudad había sido liberada». La zona ya estaba al mando de «comités populares».

La sublevación tiene su bastión en la región de Cirenaica, a lo largo de la costa oriental del Mediterráneo libio, desde la frontera con Egipto hasta Bengasi (1.000 kilómetros al este de Trípoli), pasando por Tobruk y Al Baida.

Residentes de Bengasi, en el este y cuna del levantamiento, encarcelaron a supuestos mercenarios y levantaron sistemas de defensa en las calles ante un posible ataque. «Fueron interrogados, y son mantenidos a salvo y alimentados», afirmó Imam Bugaiguis, de 50 años y profesora universitaria.

Agencias ANSA, Reuters, EFE, AFP y DPA,

y Ámbito Financiero

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