18 de enero 2013 - 00:00

Goity: “Así como hay homofobia, hay también heterofobia”

Intérprete de la nueva versión de «La jaula de las locas», Gabriel Goity defiende la ambientación argentina de la famosa comedia francesa.
Intérprete de la nueva versión de «La jaula de las locas», Gabriel Goity defiende la ambientación argentina de la famosa comedia francesa.
Fastidiado por algunas críticas a las que llama «prejuiciosas», pero feliz con la respuesta del público, Gabriel Goity dialogó con este diario sobre su último estreno, «La jaula de las locas» (Teatro Apolo) donde interpreta a Alban, un transformista «políticamente incorrecto».

El personaje regentea un cabaret gay junto a Renato (Miguel Angel Rodríguez), su pareja de toda la vida. Los conflictos comienzan cuando el hijo biológico de Renato (al que criaron juntos) decide casarse con la hija de un político de ultraderecha y esto obliga a que ambas familias se reúnan. Temeroso de echar a perder los planes de su hijo, Renato le pide a Alban algo imposible: que se haga pasar por heterosexual. Es la primera vez que Goity y Rodríguez trabajan juntos en un escenario, y el deseo surgió después de compartir protagónico en la exitosa tira televisiva «Los Roldán».

Periodista: ¿Dónde transcurre esta «Jaula de las locas»?

Gabriel Goity: En la Argentina, con una actuación argentina y yo hago un personaje argentino. Así de claro. Pero algunos críticos no se dieron cuenta. Hoy por hoy, están más para criticar al novio de Fort que para analizar una obra de teatro, como si «La Jaula» sólo pudiera ser francesa. En algunas críticas que nos castigaron al final pusieron «el público se divierte». ¡Que subestimación tan grande! ¿No les da vergüenza escribir eso? Si yo hago esta comedia y no se ríe nadie, está bueno que me digan: «Goity, no cumpliste». No. Acá la gente viene y se mata de risa pero ellos la critican. El público no es estúpido.

P.: ¿Cómo definiría a su personaje?

G.G.: Mi personaje es un travesti, por lo tanto es un hombre. Yo cuento que hizo el servicio militar en el Regimiento de Infantería. Y parece que eso también molesta, como si fuera imposible que un travesti hiciera la colimba y haya sido arquero suplente de Almirante Brown. ¿Cuál es el problema? Parece que les molesta que un hetero haga de transformista. Así como hay homofobia también hay heterofobia. Algunos pretenden que los personajes gay sólo estén en manos de actores gays, como Gasalla o Urdapilleta. Si uno es heterosexual no te la perdonan.

P.: ¿Qué rasgos tiene su Alban?

G.G.: Tiene su complejidad. Es un hombre con una herida muy grande de identificación que lo hace hacer distintos personajes. Es lo que yo recreé como artista. Alban es un transformista, alguien que está luchando permanentemente para estar en este mundo. No son personajes con la felicidad a flor de piel, sufren y están muy necesitados de afecto. Un homosexual sufre mucho en la Argentina. Salvo que viva con su arte en Francia, o en Alemania donde se los acepta más.

P.: ¿Le parece? Hace unos días hubo una manifestación masiva en París contra el matrimonio del mismo sexo.

G.G.: Porque la derecha avanzó un poco más. Pero en Francia se pueden ver por la calle hombres de la mano dándose besos. Acá eso no se ve tanto.

P.: Hay homosexuales que viven abiertamente, incluso en sus lugares de trabajo.

G.G.: Claro que sí. Pero todavía falta. De hecho cuando vas a una cancha de fútbol no te gritan «¡Matrimonio igualitario!», te gritan: «¡putooo! ¡putooo!», y estamos hablando de cuarenta mil personas. Por lo tanto, el tema homosexual tiene mucha vigencia.

P.: ¿Vio alguna otra versión de la obra?

G.G.: Vi la que hizo Miguel Angel Rodríguez con Roberto Carnaghi y otra anterior con Tato Bores. Eran puestas más conservadoras y políticamente correctas. Esta es más jugada y mi personaje también. La película francesa me encantó, pero yo quise aportarle algo nuevo a Alban. Y pensé ¡qué me voy a hacer el glamoroso! ¿Acá? ¿En un calle Corrientes infecta y en un país en el que no jugamos la vida a cada cuadra?

P.: ¿Algún otro personaje que quiera interpretar?

G.G.: Cyrano de Bergerac. Para eso tengo que contar con un productor que se avive, pero por ahora nadie se aviva.

P.: Tal vez tenga que hacerla en algún teatro oficial.

G.G.: Sí, se lo propuse al San Martín cuando me llamaron por otros proyectos. Fui muy claro: «A mí lo que me gustaría hacer es Cyrano». Y me contestaron: «Ah, qué bueno». Y eso fue todo.

P.: En «Sos mi hombre» interpreta a un entrenador de box. Nada más opuesto a un travesti.

G.G.: Me encanta hacer personajes tan distintos y, además. tenía muchas ganas de incursionar en la comedia brillante. Hasta ahora vine haciendo comedia negra: «El método Gronholm», «Gorda», «Un dios salvaje». Todas obras fuertes, con sus dosis de humor, pero que ante todo son tragos amargos. Miguel me convenció de que «La jaula» era la mejor comedia que podíamos hacer juntos y estamos muy contentos con los resultados.

Entrevista de Patricia Espinosa

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