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Gombrowicz bien entendido
«Trans-Atlántico» es una mezcla de géneros muy propia de Gombrowicz, que el adaptador y director Adrián Blanco articuló impecablemente con la ayuda de un notable elenco masculino.
La vida y la obra de Witold Gombrowicz estuvieron signadas por la ambigüedad, la contradicción y la rebeldía. Fue un provocador nato que causaba admiración y rechazo con sus exabruptos. En los trece años y pico que vivió en la Argentina forjó su leyenda. Luego vino la consagración definitiva en Europa, donde estrenó sus celebradas piezas teatrales «El casamiento» e «Ivonne, princesa de Borgoña».
Siempre le gustó rodearse de misterio y poses teatrales, y aunque poseía una gran inteligencia y talento literario, nunca logró entender contra qué luchaba, ni pudo reconciliarse con esos oscuros impulsos que a menudo lo llevaron a situaciones indeseables. Fue un personaje fascinante y demoníaco, tal como puede apreciarse en su voluminoso «Diario» y en varias de sus novelas, incluida «Trans-Atlántico». Pero, los que todavía no conocen su obra también podrán disfrutar de esta atractiva versión escénica de Adrián Blanco.
Gustavo Manzanal tiene un notable parecido con el escritor, y eso ya impresiona bastante. Luego, las aventuras que va viviendo su personaje, sobre el filo de la realidad y la pesadilla, van arrastrando al espectador a un viaje sin fin, cargado de delirio, comicidad y situaciones estrambóticas. Las invenciones del escritor se mezclan con su propia biografía. Aquí, entre otras cosas, se ocupa de denostar el patrioterismo de sus compatriotas sin renegar de su condición de polaco y se extiende en reflexiones filosóficas que en pos de una absoluta libertad de pensamiento, también reivindican el absurdo.
Hay algo de descenso a los infiernos, de sátira al mundillo intelectual de la época, de fantasía homosexual ligada a la tragedia. En suma, una mezcla de géneros muy propia de Gombrowicz que el director Adrián Blanco articuló impecablemente con la ayuda de un elenco masculino de notables recursos físicos y actorales.
La escenografía y el vestuario de Martha Albertinazzi dan marco a una convincente ambientación que con gran economía de recursos sugiere las más diversas locaciones y niveles de realidad.

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