11 de febrero 2016 - 00:00

Grandes antecedentes de una gran película

Por ningún motivo se debe llegar tarde a una función de "En primera plana". Antes de los títulos hay un breve prólogo de apenas tres minutos, que transcurre a mediados de los años 70. Un policía joven observa incrédulo cómo se está manejando una tragedia que involucra a un sacerdote católico. Mientras el novato se asombra de cómo en busca de la discreción del caso se rompen todas las normas que conoce, el policía más experimentado que está a su lado se ríe de la ingenuidad de su colega.

En seguida, el cura, que debería estar preso, sale corriendo y se mete en un auto que arranca a toda velocidad. La escena remite bastante directamente al cine de Sidney Lumet, que sabía como nadie filmar ese tipo de cosas. Pero es otra película de Lumet uno de los pocos antecedentes de "Spotlight": "Será justicia" (The Verdict), con un formidable Paul Newman interpretando a un abogado de mala muerte de Boston, que vive buscando clientes en hospitales y velorios, hasta que un amigo le consige un caso fácil, dado que es contra un hospital católico, lo que implica que no llegará a juicio porque los abogados de la arquidiócesis arreglan rápidamente cualquier problema con alguna suma de dinero que para ellos no es nada, pero para la gente de clase baja de Boston es más de lo que vieron en toda su vida. El caso de mala praxis conmueve a Newman, que termina enfrentando al temible abogado de la curia interpretado por James Mason. "Será justicia" es, aún más que "En primera plana", una gran descripción del aparato legal de la Iglesia Católica, una fuerza arrolladora que no suele perder ningún caso.

Hay mucho de esta y otras películas de abogados en el film de McCarthy, y sobre todo un personaje extraño como el que encarna Stanley Tucci. Recuerda un poco a los de Jimmy Stewart y, un poco menos, a George C. Scott de "Anatomía de un asesinato", de Otto Preminger. De hecho, hay pocas películas que se hayan dedicado a los negocios de la Iglesia, algunas muy conocidas como "El Padrino 3". Hay una muy buena y bastante olvidada, también de Preminger, "El cardenal", con una parte muy intensa sobre la relación de doble filo del Vaticano con los nazis. Este tema también es centro de una muy buena película de Costa Gavras, "Amén".

En su momento fue muy castigada "Monseñor", que relataba la vida de un cura que va escalando en la jerarquía religiosa, lo que no le impedía tener un romance con una señorita, o que mate al enemigo en la guerra. Esta película de Frank Perry no estaba nada mal, pero el protagónico de Christopher Reeves le dio un tono sensacionalista,como para que nadie se la tome muy en serio.

Sin curas, pero sí con muchos políticos y dos periodistas famosos, Dustin Hoffman y Robert Red-ford, es el superclásico periodístico sobre Watergate "Todos los hombres del presidente", de Alan Pakula, sin duda es de donde sacó buena parte de su estilo McCarthy, aunque lo primero en llamar la atención es lo poco "cool" que son Michael Keaton y Mark Ruffalo si se los compara con otros reporteros como los dos recién nombrados, y mucho menos simpáticos que los tarambanas Jack Lemmon y Walter Matthau de "Primera plana" (The Front Page, de Billy Wilder).

Los periodistas de McCarthy son personajes más comunes y corrientes, pero con sus personalidades a flor de piel. Hay uno que dice que, como hace semanas no puede dormir bien por lo tremendo de la investigación que están realizando, empezó a escribir un libro para relajarse. ¿De qué era el libro? De terror.

D.C.

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