12 de diciembre 2012 - 00:00

“Gutenberg inventó un dispositivo para piratear”

Andahazi: «El libro impreso y el libro digital nacieron como formas delictivas. Gutenberg no inventó un dispositivo para imprimir, sino para piratear; el libro digital nace para piratear, y después sobre ese formato se monta la industria».
Andahazi: «El libro impreso y el libro digital nacieron como formas delictivas. Gutenberg no inventó un dispositivo para imprimir, sino para piratear; el libro digital nace para piratear, y después sobre ese formato se monta la industria».
Si en su primer libro, Mateo Colón era el «descubridor del clítoris», en «El libro de los placeres prohibidos», que acaba de publicar Planeta, Federico Andahazi descubre que Johannes Gutenberg no fue el inventor de la imprenta sino un delincuente, un falsificador. Y a eso le agrega uno de sus temas habituales, la sexualidad, contando de un prostíbulo donde, en los tiempos de Gutenberg, practicaban «el sexo sagrado, perfecto» las «Adoratrices de la Sagrada Canasta». Pero cuando allí comienzan a sucederse los crímenes, la novela se vuelve un thriller. Desde la publicación de «El anatomista» en 1997, Andahazi no ha dejado de publicar obras que, en la gran mayoría de los casos, entran en la lista de los libros más vendidos. Dialogamos con él.

Periodista: Después de una serie de libros de investigación histórica de la sexualidad en nuestro país, volvió a la ficción.

Federico Andahazi: La narrativa, y sobre todo la novelística, es donde me siento como pez en el agua, y la verdad que me estaba haciendo falta agua. La «Historia sexual de los argentinos» me llevó mucho tiempo, sólo en investigación fueron cuatro años. Y esos tres volúmenes de algún modo cambian el contrato tácito con el lector. Cuando uno viene de la narrativa, el lector frente al libro sabe que eso es ficción, que no hay un compromiso con la verdad. En cambio en el ensayo histórico, el lector tiene que saber que lo que se cuenta es verdad. Cuando se viene de la narrativa no es fácil convencer que lo que se está diciendo es absolutamente cierto. Más aún cuando la historia argentina tiene hechos que parecen pura ficción.

P.: Además, sus novelas tienen casi siempre un anclaje histórico.

F.A.: Si bien descansan sobre personajes que realmente existieron y la investigación histórica tiene un componente muy fuerte, lo que cambia es el grado de libertad con el que uno puede trabajar. «El libro de los placeres prohibidos» es una novela policial que se inicia con un crimen. El primero de una serie. El lector, a partir de ahí, intentará saber quién es el asesino como en un thriller clásico.

P.: A la vez retoma la fórmula de su primer gran best seller, «El anatomista».

F.A.: Igual que en «El anatomista», la historia gira en torno a un personaje que realmente existió, del cual, aunque muy conocido, sabíamos muy poco. Si nos preguntan quién era Johannes Gutenberg, respondemos lo que aprendimos en la escuela, el creador de la imprenta, de los tipos móviles, del libro tal cual lo conocemos. Y nada de eso es cierto. Gutenberg no es el inventor de la imprenta. Lo que él inventó no fue una máquina para fabricar libros sino una máquina para falsificar manuscritos. Se asoció con un banquero y un artesano, y juntos conciben una máquina para falsificar manuscritos. Un manuscrito en aquella época valía una fortuna. Le llevaba varios años de trabajo conjunto a copistas, iluminadores y encuadernadores. El resultado era una obra que valía el equivalente a una casa muy lujosa en cualquier ciudad europea. Una Biblia manuscrita a valores de hoy estaría entre uno y dos millones de euros. Sólo los poderosos podían tener libros. Además no se concebía que un libro fuera algo diferente a un manuscrito. Algo que tenía que ver con la tradición hebrea. Aún hoy la Torá es un rollo manuscrito y sólo lo puede tocar un rabino. El libro estaba ligado a lo sagrado, y lo sagrado a la letra manuscrita.

P.: ¿Qué lo atrajo del falsificador Gutenberg?

F.A.: Es cinematográfica su historia. Instala su primera imprenta en una abadía abandonada en las afueras de Estrasburgo. Lugar donde tiene alucinaciones, apariciones: Cuando logra hacer las primeras Biblias falsas viaja a París a venderlas, y es inmediatamente apresado. Y ahí comienzan los juicios que se le hacen. Lo notable es que las únicas noticias biográficas que hay de él son los datos que quedaron en la justicia. Los juicios que le hicieron, que fueron muchos. En la novela lo unifico, los convierto en un solo juicio. En Alemania pude ver muchos de esos documentos. Mi novela comienza con la firma del notario que deja constancia de todos los procesos de Gutenberg.

P.: En realidad se inicia con la historia de un burdel extraordinario que guarda un esotérico saber de los placeres sexuales.

F.A.: La novela se despliega en dos escenarios. El juicio a Gutenberg y el extraño monasterio de las Adoratrices de la Sagrada Canasta, que los clientes de la ciudad de Main suponían que era un prostíbulo, con sus excentricidades y particularidades, ignoraban que aquello era un templo, y que las mujeres que ofrecían sus servicios no eran meretrices sino que eran sacerdotisas, en la tradición de los templos babilónicos. Porque en el pasado la sexualidad no era algo pecaminoso sino del orden de lo sagrado, y se ofrecía en los templos. En la novela buceo cuándo el sexo pasó de ser algo sagrado a algo pecaminoso. Las historias se cruzan cuando la Iglesia ve el potencial del invento de Gutenberg, y ve como bueno el que ayudará a difundir los textos sagrados, pero los textos sagrados eran pocos, y los textos prohibidos en el Index muchísimos más. La desesperación de la Iglesia hizo que en un principio se opusiera firmemente a la aparición del libro impreso por temor a que se difundieran los libros prohibidos. Y sobre todo «El libro de los placeres prohibidos», obra mítica que no se sabía si existía o no, pero la posibilidad de que se propalara provocaba terror. Se creía que las Adoratrices de la Sagrada Canasta no sólo tenían el saber del placer sexual perfecto sino también el libro donde eso se explicaba. Y de pronto allí aparece desollada viva Zelda, una de las más requeridas místicas consagradas a «los placeres prohibidos». Y los asesinatos se sucederán. Eso altera la vida del sagrado prostíbulo y de toda la ciudad.

P.: ¿Fue en busca del escándalo con su polémica visión de Gutenberg, con la información erótica detallada de la enseñanzas de «la gran puta» y sus críticas a la Iglesia?

F.A.: Los elementos considerados escandalosos tienen que ver con la naturaleza de los descubrimientos. Si algún mérito me atribuyo en literatura es el de redescubrir personajes. Así fue con Mateo Colón, que existió y se declaró el descubridor del clítoris. Así ahora ocurre con una visión inesperada y compleja de Gutenberg, indudablemente uno de los personajes más importantes de la Historia, sobre todo por lo que permite hacer saber a través del objeto libro. Pero, además, por ser un impulsor de géneros. La narrativa antes de Gutemberg era del orden de lo oral. A partir de Gutenberg puede surgir la novelística. La Iglesia entre sus argumentos para impedir la salida del libro impreso era que si cualquiera podía tener una biblioteca en su casa, la gente se iba a enloquecer. Esto, desde la ironía, lo toma Cervantes. Alonso Quijano se vuelve loco leyendo novelas de caballería. En Alemania, Gutenberg es un héroe nacional, pero lo que se cuenta no es lo que fue. Y cuando se muestra qué fue en realidad, eso resulta escandaloso. Eso lo pude comprobar en la Feria de Frankfurt donde el libro tuvo mucho éxito. Pero los editores alemanes no aceptaban la visión real de Gutenberg, pensaban que yo buscaba el escándalo, cuando en realidad lo escandalosos es que Gutenberg fuera un falsificador.

P.: ¿Su libro pertenece al estante de los best sellers que va de Umberto Eco a Dan Brown?

F.A.: Si algo aprendí en todos estos años es a desembarazarme de los prejuicios. No creo que haya buena literatura y mala literatura, y un árbitro omnisciente que pueda fallar en ese sentido. Desde la aparición de Gutenberg, la literatura es vulgar. Antes de él no había otra cosa que mereciera ser manuscrita que no fuera sagrada. El libro impreso vulgariza la lectura. La publicación está más al acceso de cualquiera. Desde Gutenberg el libro es una industria. Y la narrativa se industrializa. Lo que hace Umberto Eco es borrar fronteras y revalorizar un género hasta ese momento considerado menor, fusionando novela histórica, policial y ensayo. El valor de la literatura está en la formación y el sabio criterio de cada lector. Creo que «El libro de los placeres prohibidos» actualiza la antigua discusión sobre los formatos de lectura. La discusión sobre la muerte del libro impreso por la aparición del libro digital es la misma que se dio con la aparición del libro impreso. Ahora se pregunta qué va a pasar con los derechos de autor, con la masificación, con la lectura. Probablemente no va a pasar demasiado y durante muchísimos años convivan ambos formatos. Lo que ocurre es que nos acostumbramos a pensar que las cosas existen una vez y para siempre. Hasta hace unos quinientos años se suponía que el libro debía ser manuscrito y para pocos. Gracias a Gutenberg se descubre que el libro puede ser impreso y para muchos. Con el libro digital esa frontera se va ampliar muchísimo más. En cuanto a los derechos de autor, el libro impreso y el libro digital nacieron como formas delictivas. Gutenberg no inventa un dispositivo para imprimir, inventa un dispositivo para piratear. El libro digital nace de la misma forma, para piratear, y después sobre ese formato se monta la industria. Creemos estar discutiendo cosas novedosas y en realidad estamos discutiendo lo mismo que se discutía en 1445.

P.: Después de esta novela, ¿qué está planeando?

F.A.: Estoy con dos proyectos. Una novela que transcurre en la China moderna de 1890, cuyo protagonista es un argentino que queda varado ahí. Y otra novela que ocurre en Budapest durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Voy a ver por cuál me decido. Son libros de mucha investigación previa. Seguramente haré un viaje a Hungría, no ya a buscar documentos históricos sino documentos familiares. Salvo que me decida por hacer un gratísimo viaje a China.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario