Habiendo un plan, es momento de crítica

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Lo que está ocurriendo es bastante interesante. De los casi desesperados pedidos al BCE para que salvara la deuda de los países en problemas emitiendo euros de manera masiva y el pánico a que el sistema bancario del Viejo Continente colapsara antes de que termine el año si esto no ocurría, el establishment financiero pasó de la noche a la mañana a una ola de optimismo; a pesar de que la calificadora S&P advirtió ayer que hay una posibilidad del 50% de que le baje el rating a uno o varios de 15 de los 17 integrantes de la eurozona antes de tres meses y que los datos de la macro norteamericana no fueron auspiciosos, el Dow avanzó un 0,65%, a 12.097,83 puntos. Esta ola se funda (más allá de la incipiente recuperación norteamericana) en una serie de pequeñas dosis (de noticias) que evidencian que se está haciendo algo y en la esperanza de que para el viernes conoceremos el plan maestro que sacará a Europa de la crisis, salvará la continuidad del euro y evitará que a futuro se repitan los errores del pasado (el presidente de Francia -quien en cinco meses enfrenta su reelección- afirmó que el acuerdo con Alemania ya está finiquitado y sólo falta la presentación oficial mañana). ¿Y la necesidad de apuntalar los bonos?, ¿y la debacle de los bancos si Grecia entra en default u ocurre algún otro imponderable -algunos eurolíderes están reconociendo que el acuerdo de rescate helénico ha sido un error, al castigar en exceso al sector privado, lo que habría disparado la suba de los títulos españoles e italianos-? En estos días ambas cuestiones son temas viejos, de los que nadie habla ni quiere oír (la tasa de los bonos italianos a 10 años retrocedió ayer del 7,33% que pagaron el 25 de noviembre al 6,1% y Alemania colocó Letras a seis meses, Bubills, al 0,0005% anual). Lamentablemente, éstas y otras cuestiones existen, siguen ahí y poco y nada han mejorado, lo que sirve de recordatorio que de la crisis no se sale por arte y magia en apenas unas horas, sino que será un proceso largo y difícil. Si bien celebramos que se optara por el camino de buscar la solvencia antes que la emisión para salir de la crisis europea, el modelo de compulsión fiscal centralizada teutón tal vez no sea la mejor opción.

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