- ámbito
- Edición Impresa
Habrá que ver si convulsión social permite el ajuste
Horacio Lachman - Economista
Pero un triunfo político de Alemania no implica ni mucho menos que Europa avance hacia la solución.
Desde ya que Inglaterra comienza a quedar fuera de la partida, lo que además de debilitarla a ella debilita en alguna medida al conjunto. Pero lo fundamental es que las Bolsas festejaron el viernes, al conocerse el desenlace de la cumbre, que Europa haya preservado -con esa sola excepción- su unidad en torno al liderazgo de Alemania. También que esa unidad se haya hecho sobre la base de rigurosos compromisos de austeridad en el gasto público y también de excluir a la banca de sufrir quitas y compartir costos, cuando los Estados de la región enfrenten problemas para lograr financiamiento para sus desequilibrios fiscales.
Pero que la estrategia la hayan apoyado 26 de los 27 países que integran la Unión Europea no quiere decir que la estrategia sea siquiera medianamente viable. Quedó claro antes del encuentro y Alemania se ocupó de azuzar a los mercados para que la extorsión fuera completa, que el que no aceptara esas condiciones iba a quedar afuera. Alemania no dejó opción, como lo demostró con duras advertencias que derrumbaban las cotizaciones cada vez que una sombra de optimismo aparecía en los operadores.
El que no aceptara las nuevas reglas de juego debía afrontar de inmediato los costos de ser expulsado del euro. Y eso iba a implicar incapacidad para afrontar los vencimientos de la deuda pública y por ende el default, la necesidad de emitir nueva moneda y, por consiguiente, tener que convertir en forma forzosa las deudas en moneda local y ello no podría implementarse sin un prolongado «corralito» financiero.
Frente a esa opción los pocos «díscolos» que quedaron en las clases dirigentes del Viejo Continente decidieron alinearse en torno a las exigencias de Alemania e intentar de esa manera postergar tres meses -el plazo tomado para dar forma a las exigencias y definir las penalidades de aquellos que las incumplan- para el desenlace de la crisis.
Como los hechos vienen demostrando, no basta con que los Gobiernos se propongan reducir el déficit para lograrlo. La magnitud de los desequilibrios, agravados por la carga financiera de un endeudamiento para el cual recibirán cada vez menos apoyo del Banco Central Europeo y, por otra parte, de la recesión -que ya según todos los pronósticos es un hecho en la región para 2012, pero puede tornarse muy profunda en los países con mayor ahogo financiero-, hace muy difícil lograr un equilibrio fiscal.
Los últimos cambios políticos en los países de Europa más comprometidos han permitido que se instalen en el poder Gobiernos dóciles a las propuestas de Alemania de un ajuste feroz. Por lo menos ello ha ocurrido con Grecia, Italia y España. Lo bueno que tiene este escenario es que nadie podrá decir que estos países no han adoptado el tratamiento que les fue indicado. Habrá que ver si la convulsión social que su aplicación implica les permite cumplir con la receta y si sus efectos ayudan a paliar la enfermedad o son, como lo viene siendo en los últimos años, claramente contraproducentes.


Dejá tu comentario