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“Hoy pocos artistas se animan a hacer tragedias”
Gónzález Iñárritu: «Ahorita no tengo apetito de hacer otra película tan fuerte. En el fondo quisiera probarme en una comedia romántica, pero el público estaría pensando ‘pues, ¿cuándo va a matarla?’».
Periodista: Empecemos por el final. ¿Por qué dedica este film a su padre, y lo define como un roble?
Alejandro González Iñárritu: Siempre, cuando era yo pequeño, nos medíamos contra un árbol, y, aunque me esforzara en crecer, él me ganaba, y decía «el viejo roble sigue firme». Ahora tiene 81 años, se está encogiendo, y hace mucho que superé su estatura. ¡Mi viejo roble! Tenemos una relación muy buena, y me pareció justo dedicarle esta obra cuyo tema es, precisamente, la relación de padres e hijos.
P.: Y también la muerte del padre y el recuerdo que deja. Curioso, el comienzo con los tres niños muertos y uno sentado.
A.G.I.: Es uno de esos tres niños, viéndose a sí mismo porque no murió en paz. Con él habla nuestro personaje. Para preparar esa escena, básicamente, todos los videntes que entrevisté me dijeron que ellos solo ven los rostros de los muertos, nunca las piernas, y es fragmentario lo que oyen. Deben deducir muchas cosas. Todo eso los drena emocionalmente.
P.: Agregando misterio, más adelante hay unas mariposas negras enormes en el techo.
A.G.I.: Mariposas negras panteoneras, porque salen de los panteones. Son mexicanas, muy inquietantes.
P.: Le diré que el suyo es un dramón mexicano.
A.G.I.: Yo diría una tragedia. Cuando el Destino te juega en contra, crees tener el control de tu vida y lo pierdes, e intentas mantener la dignidad, morir de pie, eso es una tragedia. Pero pocos artistas se animan a hacerlas hoy en día. Es que las tragedias suceden ahora en los noticieros, y las arropan en formato de entretenimiento, y rápidamente dan paso a otro tema.
P.: A propósito de tema, los españoles, más que la familia, vieron su crítica social y le dijeron de todo menos lindo.
A.G.I.: Me sentiría mal si no les hubiera provocado irritación o desconcierto. España exportaba ciudadanos al mundo. Un solo ejemplo, durante la Guerra Civil huyeron a México cerca de 100.000 españoles. Ahora es al revés, llega gente de todo el mundo, y en vez de recibirlos con los brazos abiertos tienen reacciones xenófobas, lo mismo que otros europeos, como los italianos que aprobaron una ley por la cual, si un pescador ayuda a inmigrantes cuya barca se hunde, le quitan la suya por cometer un «crimen de solidaridad». Eso, en pleno siglo veintiuno. Yo filmé en Barcelona. Es una ciudad hermosísima, de gente muy amable, pero en ciertas áreas urbanas y suburbanas se vive una situación terrible. Muchos no quieren verla, pero está ahí a la vista, en Santa Coloma, Raval, Badalona, barrios originalmente poblados por charnegos.
P.: Perdón, ¿por quiénes?
A.G.I.: Así llaman los catalanes a los migrantes de habla castellana como los que Franco llevó para «colonizar» Cataluña (me dicen que algo parecido ocurrió acá con los cabecitas negras «invadiendo» Buenos Aires, puede ser, con sus diferencias). Ahora esos barrios fueron poblados por inmigrantes de ultramar.
P.: Y Bardem es un charnego que intermedia con chinos, senegaleses y policías. ¿Pasa algo similar en México DF?
A.G.I.: El contexto es diferente. Tampoco hubiera filmado esto en México, porque lo escribí pensando en Javier. Es más, en Javier bajo el nombre de Uxbal.
P.: ¿Por qué le puso semejante nombre, de resonancias mayas?
A.G.I.: Sí, recuerda a Uxmal, como la calle en que nací. Conocí a un solo Uxbal en mi vida, un cámara que fue a hacerme una nota, y me gustó cómo sonaba. Podríamos pensar que, como el padre joven eligió escapar a México, también eligió para su hijo un nombre que sonara mexicano.
P.: A nosotros se nos confunde el acento de Maricel Fernández.
A.G.I.: Precisamente, porque le pedí que hablase como una argentina que ha perdido su propio acento. Como la entonación catalana suaviza los acentos, resulta difícil advertir enseguida de dónde provienen muchos argentinos que llevan allá varios años de residencia. En este caso, su procedencia se da por sentada en una sola frase. Pero si la dejaba hablar como ustedes, hubiera distraído mucho. Además, su personaje también ha perdido muchas otras cosas, tratando de ser «como los demás».
P.: Usted, en cambio, sigue siendo del DF aunque filme en otros lados.
A.G.I.: Es cierto, filmé allí una sola obra, luego «21 gramos» en Memphis, «Babel» en varios países, «Biutiful» en Cataluña. Pertenezco a la comunidad artística internacional, pero llevo dentro una forma de expresión propia, soy mexicano.
P.: Encima especialista en dramas y tragedias.
A.G.I.: Pero ahorita no tengo apetito de hacer otra película así de fuerte. Estoy emocionalmente drenado, como los videntes. En el fondo quisiera probarme en una comedia romántica, solo que si hago una comedia romántica el público estaría todo el tiempo pensando «pues, ¿cuándo va a matarla?».
Entrevista de Paraná Sendrós


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