Esta semana salieron a las calles para quejarse porque el mandatario no logró mejorar las condiciones económicas y sociales en el país después de un año en el cargo.
Pero el órgano de Gobierno del Ejército, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas -que gobernó desde que el expresidente Hosni Mubarak fue derrocado en 2011 hasta que asumió Mursi-, fue igual de incapaz de resolver los problemas.
Los manifestantes solían llenar periódicamente Tahrir y cantar "¡Abajo el régimen militar!". Una estatua del mariscal de campo Hussein al Tantawi, que lideraba el consejo en ese entonces, fue colgada del cuello desde una grúa en la plaza durante las protestas.
Ante el fracaso de Mursi, el Ejército volvió a recuperar su brillo. A ello ayuda que haya gozado siempre de una buena reputación. Los textos escolares destacan su rol en las guerras contra Israel. La mayoría de los egipcios tiene que cumplir un servicio obligatorio en el Ejército, que es visto como representante de la nación y no de un partido, régimen o grupo religioso. Pero a pesar de todo es un poder político.
"Hay tres fuerzas básicas: los islamistas, el Ejército y la calle", señaló el historiador Khaled Fahmy, de la Universidad Americana de El Cairo. "Ninguna de estas tres grandes facciones es suficientemente fuerte como para imponer su voluntad a las demás", apuntó. "En diferentes épocas se forman diferentes alianzas, lo que vimos fue la Policía y el Ejército y los revolucionarios contra la Hermandad Musulmana".
El Ejército mostró sus dientes este lunes cuando su jefe, Abdel Fattah al Sisi, dio un ultimátum de 48 horas a Mursi para poner fin a la crisis política con sus opositores. Y también se vio el poder de lo que algunos califican de "estado profundo", un término usado por los islamistas que apoyan al Gobierno para señalar que aún hay vestigios del régimen de Mubarak dentro del Gobierno.
Los medios estatales rápidamente cambiaron de bando para apoyar a la oposición. El Ministerio del Interior, que controla a la Policía y las agencias de seguridad, declaró su apoyo a los militares. La mayoría de los liberales egipcios se pusieron del lado de los manifestantes anti-Mursi y saludaron la intervención del Ejército.
Todas las reservas que podrían haber tenido acerca de la actuación de los militares contra un líder electo fueron dejadas de lado al considerar la explosiva situación: masas de gente que quiere derrocar a un presidente que dejó en claro que él y sus seguidores no cederán.
De todas formas hubo algunas voces de disenso y advertencias. "Una lectura objetiva del comunicado del Ejército muestra claramente que se convirtió en una fuente de autoridad en Egipto y que los valores establecidos de democracia, principios constitucionales y objetivos revolucionarios están en retirada", escribió el columnista Wael Qandil en el diario liberal Al Shorouk.
Lo sucedido deja una pregunta: ¿Cómo reaccionaría la Hermandad Musulmana, largamente oprimida durante el régimen de Mubarak y sus antecesores, cuando se dé cuenta que con ganar las elecciones tampoco basta?
El analista Khalil al Anani, del Instituto de Cercano Oriente en Washington, dijo que la reacción no será violenta. "Si hay una reacción, es más probable que sea en forma de disputas y divisiones dentro de la Hermandad si Mursi se va", señaló. "Podría haber pugnas dentro del liderazgo, pero también entre el liderazgo y la juventud".
| Agencia DPA |


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