Huffmann, entre mitos griegos y David Lynch

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La galería Alberto Sendrós exhibe «Extraño gobernante para un corazón», del joven Carlos Huffmann. La crítica Lucrecia Palacios Hidalgo analiza el título de la muestra, y asegura que «con toda justicia podría ser el de una película de David Lynch», ya que introduce al clima enrarecido y pasional que se respira en la exhibición. La primera obra, de hecho, se llama «Dios se ha vuelto irreconocible». Y, en el centro de la sala, custodiado por dos enormes óleos, un cuerpo desmembrado cuelga desde el techo. Es la versión de Huffmann de la caída de Icaro. Las costillas se le han abierto como un libro y desde allí explotan diferentes pelotas. Adheridas a sus alas, hay colillas de cigarrillos, monedas de bajísimo valor, materiales irreconocibles, como si en vez de caer, Icaro hubiese estado revolcándose en la mugre. Desde las paredes avanzan dos enormes camiones. Huffmann se basó en fotografías que él mismo tomó del rally Paris Dakar, pero, como hacía con las revistas que expuso en arteBA, les colocó tanta pintura encima, que, de la fotografía sólo queda una profunda sensación de realidad. Pinta pajaritos allá, calaveras y cuernos, y algunos lemas que tienen el ritmo y la violencia del postpunk: «The meaning of the beast; odio, odio la crueldad». Un autorretrato llorando en clave manga o los dibujos que fueron arrancados de libretas, trabajan una zona más intimista y detenida. Algunos, incluso, fueron corregidos con liquid paper, como esbozos realizados por un adolescente aburrido en una clase de química.

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