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Humor zafado con ecos de un lejano Almodóvar
Las buenas actrices Silvina Acosta y Florencia Braier son «Las hermanas L», en una comedia colorida y zafada, que entretiene bastante, cansa un poquito y recuerda al Almodóvar de viejos y despreocupados tiempos.
¿Por qué un pasatiempo ganchero como éste demoró prácticamente dos años para estrenarse? Presentado en Mar del Plata 2008, llega al público general recién ahora, casi terminando la temporada 2010. Se trata de una comedia agitada, autodefinida como psicosexual y multiorgásmica, y, en algún momento, como relectura humorística de «Un tranvía llamado deseo», pero sin tranvía ni mayores parecidos. Tan sólo dos hermanas, una de las cuales la va de frágil, vive del aire y se instala en casa de la otra, cuyo marido anda siempre semidesnudo y hambriento. Hay un pasado a remover, varones que movilizar, y dos madres imposibles, una de las cuales por ahí menciona a Tennessee Williams.
En todo caso, éste es un Williams que cuatro amigos releyeron con el prisma de un lejano Almodóvar, no el de los primeros tiempos, sino el que ya había aprendido a componer imágenes coloridas y personajes disparatados al gusto comercial. Por esa altura empiezan estos cuatro, que son Eva BTMr, Santiago Giralt (provenientes de «UPA, Una Película Argentina») y Alejandro Montiel-Diego Schipani (autores del musical gay «Ocho semanas»), evidenciando notable habilidad para el trabajo en equipo. Juntos han hecho una comedia ágil, bastante entretenida, bien zafada, que es lo que buscaban, y sobre todo una de esas que se nota que la pasaron bomba durante el rodaje, y que supieron elegir a sus intérpretes.
Como tales se lucen, en su primer protagónico, Silvina Acosta (una esposa de armas tomar, sexualmente activa dentro y fuera de casa) y Florencia Braier (la mosquita muerta que resucita con el cuñado), respaldadas por Esteban Meloni, Elías Viñoles (manipulables objetos de deseo), Daniel Fanego (no precisamente como mujeriego), Fabiana Rey (ésa sí como mujeriega), Willy Lemos (mamá Cocó, nombre ideal para una película descocada) y Soledad Silveyra, que, después de diez años, vuelve al cine con un personaje algo excedido de escritora loca y madre controladora. Silveyra tiene su mejor momento en su última escena, justo para levantar la película antes que uno se canse de tanta gente sexópata. Tras ella viene la resolución del conflicto, que ya es cuadrangular, y adiós Williams y bienvenidos estos locos. Se pasa el rato.
Postadata: el título de rodaje era «Las hermanas Legrand». Cambió cuando los autores fueron citados al despacho de Carlos Rottemberg. Y el look de Silvina Acosta recuerda curiosamente al de Cristina Kirchner de hace veinte años. Pero eso no puede cambiarse.


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