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Inteligente elogio de la dignidad
«El árbol de lima» es la historia un poco ácida, pero aligerada por la ironía, de un episodio tan ridículo como enojoso entre vecinos israelíes y palestinos.
Israel, límite cisjordano. Junto al campo de limones de una viuda palestina se instala el ministro de Defensa. Su gente quiere talar los árboles, por seguridad. Ella apelará ante los tribunales. Esos limoneros son su única herencia, su medio de supervivencia, su mundo. Aparte, la excusa que le dan es francamente ridícula.
La viuda defiende su poquito de verde, lo cuida, es su naturaleza, mientras ahí nomás, a un metro de la última hilera, se levantan alambradas, paredes de cemento, torretas de vigías. En una de ellas un soldado estudia, se alerta, se apiada, y se enreda en lo que no entiende. En la casa del señor ministro, la elegante señora se aburre, y se interesa en ver qué pasa con esa vecina desconocida, toda cubierta, que mira con fuerza y habla otra lengua. Habrá un relativo acercamiento, y algo que cómodamente podría llamarse solidaridad femenina, o en una de esas es simple vergüenza por la estupidez del marido, y quizá también simple cobro de facturas maritales por alguna interna bastante torneada que por ahí se cruza. Como sea, muchas cosas no son como uno supone. Lo cierto es que la viuda tiene un abogado medio pintón, menor que ella, para que la ayude ante la Corte, la mujer del ministro tiene un caminito hacia la independencia, los chusmas de la zona tienen tema de conversación, pero entretanto, y por una mano negra, los árboles no tienen riego.
Historia un poquito ácida, como cabe imaginar, pero de una acidez amablemente azucarada por la ironía, esta obra reparte equitativa e inteligentemente sus palos entre palestinos atrasados, israelíes paranoicos, tipos mezquinos de ambas partes, burócratas de diversa especie, y zonzos con título habilitante. No suena un tiro, ni siquiera hace ruido un expediente, pero brinda una reflexión bien golpeadora sobre el conflicto de Medio Oriente y otras cuantas cositas. Elogio de la dignidad, burla del absurdo, advertencia a favor del entendimiento, es un poquito alargada, pero se sigue con interés, y se disfruta como cuento y como parábola (no tanto cuento, porque se basa en una historia real, sólo que el funcionario no era de Defensa, y la viuda no se llamaba Zidane, como el futbolista cuya foto alegra el hogar).
0Intérpretes principales, la Irene Papas de Nazareth, Hiam Abbas, vista en «Munich» y «Visita inesperada», el joven Ali Suleiman, de «Paradise Now», y la apreciable Rona Lipaz-Michael. Guionista, Suha Arraf, y director, Eran Riklis, los mismos de «La novia siria». Vale la pena.
P.S.


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