Tras una semana de avanzada del mayor grupo yihadista en Irak, el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL, una organización hasta hace poco vinculada a Al Qaeda), el Ejército anunció ayer que sólo en las últimas 24 horas sus hombres mataron a cerca de 280 milicianos islamistas en las provincias norteñas de Salahedin, Diyala y Nínive.
Al mismo tiempo, los yihadistas del EIIL publicaron ayer en las redes sociales fotografías de ejecuciones sumarias masivas, de milicianos azotando a prisioneros y otros abusos y violaciones de derechos humanos similares.
Según afirmaron, provocaron la muerte de 1.700 soldados del Gobierno. Fue imposible contrastar ambas afirmaciones, pero la cuantía de las bajas informadas es elocuente de la dureza de los enfrentamientos.
En una conferencia de prensa en Bagdad, el vocero militar iraquí, Qasem Ataa, adelantó que las Fuerzas Armadas seguirán proveyendo apoyo aéreo a las fuerzas del Gobierno local kurdo contra los insurgentes del EIIL.
Al menos tres miembros de las fuerzas kurdas (peshmergas) murieron ayer en un ataque con proyectiles de mortero contra un cuartel en las afueras de la localidad de Saadia, en la provincia de Diyala, en el este de Irak.
Ese cuartel pertenecía al Ejército iraquí, pero fue retomado por las fuerzas kurdas luego que los soldados abandonaran sus puestos y escaparan para evitar un enfrentamiento con los milicianos del EIIL. Mientras, ante la gravedad de la situación, que tiene a los yihadistas a las puertas de Bagdad, el presidente estadounidense, Barack Obama, sigue sopesando un nuevo involucramiento militar en Irak, aunque éste incluiría sólo aviones no tripulados.
El martes pasado un número desconocido de insurgentes del EIIL, que provenían del norte de Siria, donde hace meses que controlan la provincia de Raqa, sorprendieron al Gobierno central del premier chiita Nuri al Maliki aliados a otras fuerzas sunitas y tribales, al tomar la segunda ciudad del país, Mosul, tras apenas cinco días de combates.
Al día siguiente continuaron su marcha y tomaron Tikrit, la capital de Salahedín, la provincia al sur que conecta el norte del país con Bagdad.
Cuando los milicianos extremistas hicieron público su objetivo de avanzar sobre la capital iraquí, el Gobierno de Al Maliki prometió lanzar una masiva contraofensiva y sus socios internacionales -las potencias occidentales, pero también la República Islámica de Irán- garantizaron su apoyo.
En ese contexto, una bomba estalló ayer en la zona comercial de Bab al Sharqui, en Bagdad. Al menos nueve personas murieron y otras 20 resultaron heridas.
Al poco tiempo, cuatro morteros cayeron sobre un centro de reclutamiento en Khlais, a sólo 50 kilómetros al norte de Bagdad, camino hacia la zona en disputa con las milicias islamistas sunitas. Tras el rápido avance del EIIL, Al Maliki, apoyado por los clérigos chiitas más influyentes del país, llamó a los ciudadanos a presentarse como voluntarios para combatir. Según el Gobierno, ya se presentaron miles de hombres. Sin embargo, analistas dudan del aporte que éstos puedan hacer a un Ejército que, pese al entrenamiento recibido de Estados Unidos, huyeron ante los ataques yihadistas.
Mientras las fuerzas kurdas, apoyadas por los bombardeos del Ejército, parecen haber reducido el avance del EIIL, combates estallaron con fuerza en el pueblo de Tal Afar, 60 kilómetros al oeste de Mosul, no muy lejos de la frontera con Siria.
| Agencias EFE, AFP, Reuters y DPA, |
y Ámbito Financiero


Dejá tu comentario