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Irán, agresivo ante posible unificación en Península Arábiga
Irán advirtió ayer a Arabia Saudita que tendrá «una fuerte reacción» y que pueden producirse «sucesos impredecibles» si Riad persiste en tratar de «anexarse» Bahréin.
En declaraciones a la agencia Fars, el secretario del influyente Consejo del Discernimiento del régimen islamista, Mohsen Rezai, dijo que «estas medidas crean inseguridad en toda la región, y la República Islámica de Irán, como país influyente en el Golfo Pérsico, no mantendrá siempre silencio ante estas maniobras sauditas».
«Aviso a Arabia Saudita que retroceda en el camino que ha tomado y frene sus actuales manejos porque, si sigue, la región puede enfrentarse a sucesos impredecibles», agregó Rezai, excomandante de la Guardia Revolucionaria, cuerpo de elite de las Fuerzas Armadas iraníes.
Rezai es uno de los altos funcionarios iraníes reclamados por la Justicia argentina en relación con el atentado de 1994 contra la AMIA, en el que murieron 85 personas y hubo unos 300 heridos.
Desde hace dos semanas se vienen difundiendo informaciones sobre una eventual unión entre Bahréin y su vecina Arabia Saudita, en un plan que incluiría al resto de las monarquías de la península, lo que ha provocado fuertes protestas de Irán.
Teherán mantiene pretensiones territoriales sobre Bahréin, un pequeño Estado insular del Golfo Pérsico en el que se calcula que cerca del 70% de la población de 700.000 personas es musulmana chiita (como los iraníes), aunque está gobernado por una monarquía absoluta sunita de la familia Al Jalifa.
Comentaristas árabes e iraníes han señalado que la posible unión tendría como fin diluir la protesta de la mayoría chiita bahreiní, que desde hace quince meses exige reformas democráticas a los Al Jalifa, y evitar una mayor influencia de Irán en el país.
Decenas de personas murieron y cientos resultaron heridas y detenidas en la represión de las protestas, para lo que el régimen bahreiní contó la ayuda de tropas del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), en especial sauditas y emiratíes.
El pasado 14 de mayo, los países del CCG, compuesto por Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Omán, se reunieron en Riad para estudiar una eventual unificación promovida por los sauditas sobre la que surgieron diferencias que impidieron una decisión. Ahora se procederá a una etapa de estudios cuyas conclusiones deberán ser tratadas en una cumbre cuya fecha aún no se precisó.
Aunque el plan apunta a una unión de los seis estados, el primer paso sería una entre Arabia Saudita y Bahréin, algo a lo que ya se muestran dispuestos ambos regímenes.
Las reservas de petróleo de todos esos reinos suponen el 45% del total mundial, lo que resulta revelador de su importancia estratégica. Arabia Saudita es la potencia excluyente del grupo, con 28 millones de habitantes, mayoritariamente sunitas, y un rol decisivo en el mercado petrolero internacional.
Decenas de miles de personas se manifestaron el viernes en Manama, la capital de Bahréin, en contra del proyecto, convocadas por grupos de oposición chiitas y liberales.
Los manifestantes protestaron también contra la reciente decisión estadounidense de reanudar parcialmente la venta de armas a Bahréin, al tiempo que expresaron su apoyo al jeque Isa Qasim, un clérigo chiita acusado de agitación en el país.
Qasim pronunció un sermón en la localidad de Duraz, al norte de Manama, en el que cuestionó que «los gobiernos quieran unir a los pueblos de la región cuando al mismo tiempo los excluyen» de cualquier diálogo sobre esa cuestión y limitan sus libertades.
Agencias EFE y AFP, y Ámbito Financiero


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