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Iron Maiden hizo vibrar a Vélez
La aparición gigantesca del querible y monstruoso Eddie, el demonio «mascota» de Iron Maiden, provocó el delirio en Vélez la noche del sábado.
Con sus tres guitarras rabiosas, un cantante que salta sobre el escenario de varias plantas actuando cada tema con un histrionismo enérgico y desaforado, y una selección de los mejores temas clásicos de los buenos viejos tiempos en los que la banda redefinió el heavy metal, ya desde el vamos todo lucía muy bien para cualquier cultor del rock pesado.
Pero hubo mucho más: el nuevo tour de Iron Maiden incluyó un cuidado especial por recrear todos los elementos extramusicales relacionados con la imaginería apocalíptica, ingenua e irónicamente satánica, y el nihilismo de historieta que se desprende de sus mejores temas. Explosiones de todo tipo y calibre, rayos y centellas a discreción, espectros tridimensionales con ojos de fuego, y hasta la aparición gigantesca en carne y hueso -o algo así- del querible y monstruoso Eddie, el demonio «mascota» de las portadas de todos sus discos.
Esta combinación produjo el delirio en los más de 40 mil espectadores que colmaron Velez -con el estadio casi lleno ya durante la presentacion de la banda brasileña Sepultura- algo entendible dado que la interacción entre la música de Iron Maiden y la impactante puesta visual diseñada para apoyar teatral y escenográficamente cada tema podría definirse como el séptimo cielo del fan del rock pesado.
Desde siempre la banda liderada por el cantane Bruce Dickinson funcionó bien en vivo, sin descuidar jamas los aspectos visuales de sus conciertos. Pero esta vez logró llevar a su máxima expresión las maravillosas estupideces que caracteriza al género rockero recordado por pollitos pisados, muerciélagos comidos crudos en escena, y eternas acusaciones de mensajes satánicos. Las llamaradas infernales que acompañaban el «666» del superclásico «Number of the Beast», sin embargo, no tenía nada en común con aquellas antiguas artimañas casi amateurs. Los efectos infernales de este concierto surgieron de una puesta creativa y elaborada, tan gratuita y efectista como divertida, plasmada con un rigor y profesionalismo casi paradójicos si se tiene en cuenta lo poco serio y carente de temor al ridículo de la temática que alimenta las letras de los mayores hits del grupo, como «The Trooper» (todo un momento culminante) o «Run To The Hills» (tal vez lo mejor del show en términos sonoros).
Dada la coexistencia de tres guitarristas, la moderación -una manera de decir- en solos fue notable, sin exhibiciones de virtuosismo insípido ni carreras de velocidad gratuitas. La guitarra sintetizada del pasaje suave del extenso «Rhyme Of The Ancient Mariner» acercó el art rock y la vieja música progresiva a este concierto metalero, que tuvo sus climax con los hits coreados por fanáticos, especialmente «Hallowed By Thy Name» y el triple 6 de «Number Of The Beast».
El show empezo ni bien terminó el partido de la selección nacional en River, que desplazó a Iron Maiden al estadio de Vélez, lo que obviamente alimentó la euforia del público, que mezclaba los cantitos pro Maiden con explosiones futbolísticas levemente chauvinistas. Bruce Dickinson no dejó de hacer referencia al fútbol, y dedicó a la ciudad de Buenos Aires buena parte de las presentación de sus canciones de temática desoladora (como la magnífica «Wasted Years»). Luego de poco más de una docena de temas, la banda se retiró y vinieron los bises, que culminaron con un extendido «Sanctuary», interrumpido por los anuncios del inquieto Dickinson -dinámico y en asombrosa forma como cantante y showman carismático). Anunció la salida de un nuevo disco de estudio, el inminente estreno internacional de la primera pelicula del grupo. «Flight 666» (referencia al avión de la banda que tiene al líder como piloto) que incluye escenas filmadas en la Argentina durante el show que el grupo ofreció aquí el año pasado.
Todo esta charla fue ovacionada por la masa fanática que reconoció el aprecio genuino expresado por el viejo rocker, aunque de todos modos un poco más de acción y menos palabras en los bises no habría estado mal, ya que con un repertorio tan rico como el de Iron Maiden, un buen par de clásicos que quedaron fuera de la lista podría haber redondeado la historia de esta leyenda viviente del heavy metal.

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