12 de enero 2011 - 00:00

Irrepetible cruce de figuras del jazz en el Este

George Cables, gloria del jazz estadounidense y una de las grandes figuras que pasaron por el 15° Festival Internacional de Jazz de Punta del Este.
George Cables, gloria del jazz estadounidense y una de las grandes figuras que pasaron por el 15° Festival Internacional de Jazz de Punta del Este.
«15° festival internacional de Punta del Este». (Finca El Sosiego, Punta Ballena; del 5 al 9 de enero).

Dos líneas bien distintas y marcadas que, a su vez, pudieron convivir en amable cofradía, caracterizaron a la 15a edición del encuentro de jazz de mayor permanencia en el sur del continente. El «Festival internacional de jazz de Punta del Este» siempre supo hacer convivir a muchos de los grandes nombres de la tradición del «bebop» con cultores de lo que genéricamente se conoce como «latin jazz». Lo particular en este caso quizá sea el hecho de que la enorme mayoría de los grupos que tocaron fueron armados especialmente para la ocasión, casi todos, a sugerencia del productor ejecutivo, Francisco Yobino.

Así, pasaron músicos más o menos jóvenes de Argentina, Brasil, Uruguay y del ámbito neoyorquino que están haciendo sus carreras en EE.UU. o en nuestros países, y figuras ya consolidadas capaces de atravesar con comodidad lenguajes y encuentros. En este contexto, habría que hablar más de solistas que de grupos. Porque varios alternaron sus ubicaciones, fueron protagonistas en distintas formaciones y se lucieron en una versión del festival que tuvo mucho de jam sessions sin que estrictamente lo fueran.

Seguramente, el día más extraño fue el primero, cuando después de una apertura con la cantante María Volonté -que presentó su último disco «9 vidas»-, la noche estuvo dedicada más especialmente que nunca al director artístico del encuentro, Paquito DRivera. El gran clarinetista y saxofonista cubano-norteamericano presentó su último libro, «Ser o no ser, ésa es la jodienda. Paisajes y retratos», en una mesa redonda que compartió con los periodistas Esteban Peicovich y Eduardo Roland, y al frente de un conjunto de músicos argentinos (Diego Urcola, Abel Rogantini, Walther Castro, Pipi Piazzolla), luego interpretó el material del disco «Tango jazz» que grabó con dirección y arreglos del contrabajista Pablo Aslan.

A partir del segundo día, el festival entró en un curso más habitual. Llegados a Punta del Este con el apoyo de la delegación brasileña del Mercosur, viajaron a Uruguay la cantante Cibele Codonho y su banda, el Trío Corrente y dos músicos jóvenes enormes: el pianista David Feldman y el percusionista Joca Perpignan, en brillante dúo que mezcló jazz con músicas de Brasil. Pero además, Perpignan sorprendió muy especialmente en todas sus otras apariciones a lo largo de los días: a dúo con el virtuoso arpista colombiano Edmar Castañeda o como parte del «Mercosur All Stars» junto a colegas de distintos países sudamericanos: Piazzolla, Urcola, Feldman, Popo Romano, Nicolás Mora. En la misma vertiente de las fusiones con músicas de la región, sobresalieron, también en distintos momentos los argentinos Pipi Piazzolla y el trompetista y trombonista residente en Nueva York Diego Urcola, y sobre todo el trompetista de origen carioca Claudio Roditi. El brasileño puso su no muy común instrumento de cilindros al servicio de canciones clásicas del repertorio de su país y de composiciones propias, exhibió toda su destreza técnica y su enorme musicalidad, y hasta se atrevió a cantar, con la gracia de quien no lo hace habitualmente, una canción de su autoría.

En cuanto al jazz afroeamericano más clásico, hubo también nombres sobresalientes en las noches del festival, algunos de los cuales se repitieron en diferentes bandas para placer de los espectadores. Fueron magistrales, cada uno con su personalidad, dos saxofonistas, el canadiense Grant Stewart y el estadounidense Jimmy Green, y el trompetista Jeremy Pelt. Fue una muy agradable sorpresa, en su debut en Punta del Este, la presencia del guitarrista israelí Yotam Silberstein. Reafimaron su talento, ya conocido por el público del festival en ediciones anteriores, el bajista John Lee, los contrabajistas Reuben Rogers y Peter Washington, y muy especialmente el pianista Cyrus Chestnut y el baterista Lewis Nash.

Renglón aparte merece la gloria del jazz norteamericano George Cables que tocó, entre muchos otros, con Art Blakey, Sonny Rollins, Art Pepper, Freddie Hubbard, Sarah Vaughn y Dexter Gordon, quien precisamente fue homenajeado en su presentación.

Fue un festival distinto. Hubo tributos y encuentros que difícilmente volverán a ocurrir; un cruce muy valioso entre músicos sudamericanos que juegan con toda comodidad en primera con mucho de lo mejor de las últimas camadas de la música de los Estados Unidos. Y estuvo, claro, Paquito DRivera que, con su protagonismo todas las noches y su apoteótico y multicultural cierre del domingo le puso la conocida cuota de grandeza a esta «jodienda» musical que resiste el paso del tiempo contra todos los pronósticos.



* Enviado Especial

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