No fue casual el escenario desde el que Cristina de Kirchner amenazó con bajarse de la reelección entre retos a los gremios. Eligió José C. Paz, dominio de Mario Ishii, uno de los pocos alcaldes con acceso a Olivos, herencia del vínculo con Néstor Kirchner, con quien tomaba té dos veces por semana. Luego del 28-J, Ishii renunció a su cargo -el Concejo Deliberante, que controla, se lo «impidió»- y denunció que hubo «traidores» en el PJ. Ayer preparó el terreno para la parrafada de Cristina. Les imputó a los gremios un «apriete indirecto» al Gobierno y advirtió: «Guarda mis amigos sindicalistas que no tienen todo en el bolso como lo quieren tener». Siguió su «speech»: «Siempre los hemos apoyado, pero hay límites para todos». Y filtró un mensaje sectorial. «La política está a cargo de los dirigentes políticos; ustedes dedíquense a cuidar a los trabajadores y no poner más palos en la rueda».
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