- ámbito
- Edición Impresa
Jackson más melodramático que fantástico
«Desde mi cielo» no es lo mejor del director de «El Señor de los Anillos», pero aún con sus tiempos muertos y su esteticismo gratuito, tiene momentos entretenidos.
Luego de dedicar una parte casi integral de su carrera a proyectos faraónicos como las tres partes de «El Señor de los Anillos» y «King Kong», es comprensible que Peter Jackson haya vuelto a un tipo de producto más intimista, y si se quiere, autoral, como los de la época de «Criaturas celestiales» y la nunca estrenada en cines argentinos «The Frighteners». Sólo que, a esta altura, un proyecto más intimista de Jackson incluye asesinatos seriales y un viaje al Más Allá basado en una prestigiosa novela de culto (el libro homónimo de Alice Sebold).
El resultado claramente no está a la altura de lo mejor de Jackson, empezando por el hecho de que lo que puede resultar poético en letra impresa puede transformarse en algo bastante meloso en términos de imágenes. Éste es el principal problema de una película llena de tiempos más muertos que su personaje protagónico, la pobre Susie (Saoirse Ronan), una chica de catorce años asesinada en un descampado de atrás de su escuela por un serial killer (Stanley Tucci en una sólida actuación).
El guión narra en primera persona la breve vida de la chica asesinada hasta el momento en que se convierte en espirítu y, desde su propio cielo, o mejor dicho desde una especie de limbo multicolor, observa los acontecimientos terrestres, empezando por supuesto por sus seres queridos (su padre, Mark Walhberg, su madre, Rachel Weisz y su abuela, Susan Sarandon), y trata de enfrentar las próximas fechorías que podría cometer su homicida impune.
Entre estas idas y venidas entre el cielo y la tierra. da la sensación de que Jackson pierde el foco de lo que va a contar, mezclando una imaginería metafísica light, sumamente almibarada y plagada de lugares comunes, con algunos toques de suspenso sobrenatural que, cuando funcionan bien, redundan en el principal punto de interés del film, lo que lamentablemente no es muy seguido. También hay una veta romántica que, curiosamente, es lo que finalmente otorga el factor más sorpresivo en una película despareja e inconstante, con cambios de ritmo que estiran los momentos insulsos e interrumpen las partes más atractivas, todas dotadas, es verdad, de la pericia técnica que viene caracterizando la filmografía del director. Cuando no cae en esteticismos obvios y gratuitos, y no redunda en climas sonoros remanidos (viejos temas de Brian Eno atraviesan la película de manera muy poco original) se muestra como el gran cineasta que es, aunque ya parece demasiado acostumbrado a proyectos pantagruélicos más grandes que King Kong.
D.C.


Dejá tu comentario