17 de junio 2016 - 00:00

Julián Polito desembarca en Trilce con nuevo CD

Julián Polito: “Lo que conocemos como folklore argentino es una evolución de la música del Renacimiento español”.
Julián Polito: “Lo que conocemos como folklore argentino es una evolución de la música del Renacimiento español”.
 Mañana a las 20.30 en Hasta Trilce (Maza 177), el violagambista Julián Polito presenta su disco "Desembarco", grabado en conjunto con Los Lirios del Campo, que integran Juan Casasbellas, Emilio Cervini, Pablo Favazza, Javiera González y Juan Valverde, e invitados. Transitando un terreno que une la música antigua con el folklore local, el disco continúa la filosofía y la estética del trabajo anterior de Polito, "Viejo Nuevo Mundo". Dialogamos con él:

Periodista: ¿Cuál es la idea que motiva el surgimiento de este disco y del anterior?

Julián Polito:
Yo parto de una hipótesis, la de que lo que hoy conocemos como folklore argentino es una evolución de la música del Renacimiento español que trajeron los conquistadores en una primera oleada y de la música barroca italiana que vino con los jesuitas. Nosotros creemos que fuimos descubiertos y colonizados por España, pero en los siglos XV y XVI no se hablaba de España: se hablaba de Las Españas. Si hilamos más fino podemos hablar de Castilla y Aragón, y el concepto que tenemos de la España que nos descubrió es la de Castilla, la más religiosa. Pero Aragón en los siglos XIII y XIV había sido una potencia mediterránea muy importante: las Baleares, toda Sicilia y Cerdeña, Italia de Nápoles para abajo, parte de Turquía y el ducado de Acaya en Grecia eran todas posesiones de la corona de Aragón, entonces los aragoneses estaban en contacto con música turca, bereber, griega y siciliana, y parte de eso tiene que haber llegado acá.

P.: ¿Esa influencia abarca también otros aspectos?

J.P.:
En las coplas de canto con caja en el Noroeste argentino y algunas canciones infantiles de Salta y Tucumán las letras son versos del romancero español del siglo XV. Y eso de algún lado vino. También en las coreografías y los ritmos hay similitudes: el gato y el malambo con el canario, la utilización de recursos rítmicos, etcétera. Todo eso forma una especie de guiso al que le agregamos un poquito de música precolombina y un buen porcentaje de música negra. Esa cocción generó a lo largo de los años lo que se conoce como folklore argentino y latinoamericano. Esa idea no es mía, está en el aire, mucha gente lo sabe y lo dice.

P.: ¿Cómo llega a plasmarla?

J.P.
: En cierto momento me di cuenta de que yo no era musicólogo, pero que me interesaba jugar con la idea y explorarla, y pensar el límite entre música académica y popular, los límites de la forma y el estilo, etcétera. Si tomo una pieza barroca y la toco con bombo legüero y una cierta acentuación, suena a folklore, y si tomo una obra folklórica y le pongo un bajo de lamento y unas violas da gamba, suena a barroca. Trabajando por mezclas, yuxtaposiciones y analizando siempre el estilo descubrí una forma de hacer música que es la que me interesa. Si bien el primer disco era una hipótesis, el segundo es una concreción de una fantasía. Lo defino una ucronía: me inventé una Argentina que nunca existió, como si hubiera llegado la música renacentista y barroca al Río de la Plata, y en 1789 se hubieran cortado todos los lazos con Europa y la cultura musical hubiera seguido evolucionando sola y llegado hasta lo que yo hago: una situación en la que la viola da gamba es un instrumento tan omnipresente como la guitarra criolla, todos cantan y el bajoncillo puede convivir con el cornetto, con el bajo eléctrico o con el violín.

P.: ¿Qué diferencia en este aspecto el segundo disco del primero?

J.P.:
En este segundo disco trabajo tradiciones afro-peruanas, o material chileno y trato de ampliar el juego. Es una especie de continente musical que descubrí y que recorro con líneas estéticas muy claras: la música tiene que ser acústica, el canto tiene que ser popular, debe haber una cosa orgánica y maderosa, y hay en mí una obsesión muy grande por los colores y los timbres de los instrumentos. En el mundo existen más de 50.000, pero el 99,99 por ciento de la música que se escucha, se graba y se vende está hecha con cinco cosas: bajo, guitarra, voz, batería y computadora. Eso es un achatamiento cultural enorme. Me interesa probar los timbres como si fueran un condimento o los colores de un cuadro.

Entrevista de Margarita Pollini

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