17 de diciembre 2008 - 00:00

Kirchner insiste en clima destituyente

Néstor Kirchner dedicó el pasaje más fuerte de su discurso ayer con aliados no peronistas en La Plata a Julio Cobos, a quien intentó asociar a los sectores de la oposición que, insistió, tienen un plan destituyente.
Néstor Kirchner dedicó el pasaje más fuerte de su discurso ayer con aliados no peronistas en La Plata a Julio Cobos, a quien intentó asociar a los sectores de la oposición que, insistió, tienen un plan destituyente.
Una descarga tras otra. Sin tregua ni filtro, entre la pasión y la furia, Néstor Kirchner se zambulló ayer en un rabioso raid discursivo que, metódico, se detuvo en cada uno sus «enemigos» públicos. Tuvo munición para todos: de Julio Cobos al embajador de EE.UU., Earl Anthony Wayne.
El show, en el Teatro Argentino de La Plata, de lanzamiento de la neo-Concertación -en los hechos, el estreno de la temporada electoral- mostró la versión más áspera de Kirchner: fue una ráfaga inagotable, siempre ascendente, durante media hora, de críticas.
El blanco predilecto fue Cobos y su defensa de que el voto no positivo impidió un estallido social que derrumbara al Gobierno. Kirchner abrazó ese argumento y lo reconfiguró: «Cobos no hizo más que confirmar lo que decíamos; que había ánimo destituyente».
El aplauso del auditorio amigo lo animó. «¿Por qué nos tendríamos que haber ido, por perder una votación en el Congreso? Señor vicepresidente, le debe una explicación al pueblo argentino», se abalanzó sobre Cobos, a quien él arrimó al planeta K.
Por segundo día consecutivo en la tribuna, Kirchner se dedicó con fruición al mendocino. Anteayer, en Gaspar Campos, lo acusó de ser una máquina de impedir; ayer, con una lectura amañada, lo vinculó al presunto complot chacarero. Dinamitó cualquier reconciliación.
En los palcos, unos pocos radicales K sobrevivientes en el esquema oficial festejaron la picardía. Ahora, como hasta hace algunos meses fue Cobos, el santiagueño Gerardo Zamora -orador anterior a Kirchner- es su hipotética puerta de acceso a Olivos.
Menguada, la transversalidad K -o neo-Concertación- mostró a tropa de todo color, aunque, como ocurre desde mayo pasado, la esencia y el pilar esencial es el mix que componen el PJ y los gremios peronistas. Lo demás aparece como grupos satélite, periféricos.
Jefe único, sin intermediarios, así como le dedicó varias parrafadas a Cobos, Kirchner le reservó una frase incendiaria al embajador de Estados Unidos en Buenos Aires, Earl Anthony Wayne, por sus críticas al proyecto oficial de blanqueo de capitales.
«Señor embajador: ustedes tienen más problemas que nosotros con el narcotráfico y el blanqueo. Así construyeron ciudades enteras; nosotros tenemos conducta y autoridad al respecto», bramó el patagónico, quizás en el comentario más ácido de una noche ácida.
Usó, además, a Wayne como misil contra la prensa. El diplomático se esforzó, ayer temprano, por traducir con bondad un informe del Departamento de Estado de EE.UU. que planteó que el Gobierno de Cristina de Kirchner debe acordar con los holdouts y resolver las demandas en el CIADI.
«Si el embajador de Estados Unidos dice que la prensa miente...», interpretó, con pausa de por medio y gesto «ad hoc», el patagónico a Wayne que avisó que era inexacta la versión de que existía tensión bilateral por el informe del Departamento de Estado sobre la Argentina.
Para Kirchner, la embestida en dos frentes sobre Cobos y Wayne no fue suficiente: se acordó de José Luis Machinea, ex ministro de Economía de Fernando de la Rúa, que legó su apellido a la «tablita» de Ganancias, y también repartió, pareja, entre Elisa Carrió y Mauricio Macri.
«El único que dice que la tabla es progresiva es (el ex ministro de economía José Luis) Machinea», dijo. El ex ministro, como otros analistas, refutó el concepto de «regresiva» que le atribuyó la Presidente al régimen de Ganancias.
«Está más solo que Pinochet el día del amigo», eligió Kirchner una ironía fácil para, como al pasar, sin demasiado detalle ni despliegue, apuntar contra Mauricio Macri y sus legisladores porteños implicados en el escándalo del «doble voto».
«¿Qué espera (Macri) para echar a los legisladores truchos, qué esperan para expulsarlos?», se preguntó.
El raid del patagónico tuvo, como era inevitable, una escala en Carrió. «La protegen porque hay algunos interesados que, como no se animan a ir a elecciones, necesitan empleados de esta naturaleza», le apuntó a la líder de la Coalición Cívica (CC). Sin nombrarla, claro.
«Es lindo tener a alguien que nos pague unas vacaciones de 120 días», embistió sobre Carrió. «Cuando hay un proyecto progresista, hay que combatirlo», apuntó como fundamento de todas las críticas y objeciones al Gobierno de su esposa.
Más de 1.500 dirigentes fueron el auditorio estable y dócil. El grueso de los ministros, encabezado por Sergio Massa y Florencio Randazzo, incluso Graciela Ocaña que deslizó cuestionamientos a la orientación del Gobierno, junto a Nilda Garré, la avanzada «gauche» del gabinete.
Oscar Parrilli, que se encargó de la logística, Guillermo Moreno -de aplauso efusivo- y una ristra de gobernadores: desde el local, Daniel Scioli, a Sergio Urribarri, de Entre Ríos. Sin sello PJ, además de Zamora, estuvieron el radical Miguel Saiz (Entre Ríos) y Jorge Sapag (Neuquén).
P.I.

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