11 de marzo 2010 - 00:00

Kirchner pidió nueva ley de copa y habló de gobernar “hasta 2020”

Néstor Kirchner junto a Hugo Moyano y Jorge Capitanich, en el acto en Chaco, donde retomó la jefatura del PJ nacional.
Néstor Kirchner junto a Hugo Moyano y Jorge Capitanich, en el acto en Chaco, donde retomó la jefatura del PJ nacional.
Empezó como el aviso de que aun jaqueada Cristina de Kirchner terminará su mandato. Tenía -hasta ahí- la impronta K sobre las teorías sinárquicas que difunde Olivos. Pero en el tramo final reapareció el viejo sueño eternista de la sucesiva reelección matrimonial.

«Vamos a gobernar hasta 2011» masticó la primera frase «y después hasta 2015» se embaló «y hasta 2020» exageró sin detenerse, eufórico, en que los mandatos son de 4 años y que en todo caso sería hasta 2019. «Tenemos la fuerza suficiente» avisó.

En Chaco, escoltado por un menos masivo de lo prometido staff de gobernadores y caciques del PJ, Kirchner desempolvó la fantasía K de sucesivas presidencias entre Néstor y Cristina -que alguna vez animó las madrugadas de Olivos- aunque lo disfrazó como un proyecto peronista.

El patagónico no quiso que su regreso al PJ, que atribuyó a una decisión colectiva que no pudo desairear -el clásico operativo clamor- y vistió su retorno a la jefatura con ese pronóstico de continuidad hasta 2020 y la promesa de una nueva ley de coparticipación.

Otra vez, como alguna vez en la campaña del 2007, el ex presidente se zambulló en un tema tabú: la «copa», régimen que regula el reparto de fondos nacionales a las provincias, y que ayer planteó una reforma promovida desde el Consejo partidario que volvió a presidir.

«No hablo de una ley para toda la vida -dijo- sino de una ley posible, que permita a las provincias acompañar el desarrollo en la década que comenzó». Más tarde, puntualizó que debería basarse en un mix que contemple las distintas variables para construir un coeficiente heterodoxo de distribución.

En ese tramo deslizó una autocrítica cuando admitió que la ley actual no es equitativa. Lo hizo de manera velada al plantear la necesidad de lograr una ley que permita una «correcta distribución» de los ingresos coparticipables.

Inédito

Nunca, de 2003 a la fecha, ni como presidente ni como esposo de la presidente, Kirchner exploró un retoque de esa ley. Es más: quizá la crítica más intensa de las provincias tuvo que ver, justamente, con el centralismo -o la discriminación- con que el matrimonio manejó el reparto de fondos hacia las provincias y los municipios.

No lo hizo cuando el oficialismo tenía mayoría en el Congreso; lo hace ahora cuando, con dominio opositor en las Cámaras, una reforma de ese tipo parece condenada al fracaso.

El texto, que el peronismo propondrá luego en el Congreso, lo confeccionará una comisión que, precavido, Kirchner decidió presidir y en la que pretende que participen todos los gobernadores del PJ, los jefes de los bloques legislativos y los «técnicos» partidarios.

Al acto le siguió, luego, una cumbre del Consejo presidida -otra vez- por Kirchner donde se completó una agenda mientras Jorge Capitanich, el anfitrión, pedía que se apure el trámite porque se pasaba la comida. Al final, Kirchner decidió no dormir en Chaco: «Necesito descansar bien porque mañana tengo el acto en Ferro», se excusó.

Le hicieron caso y a mano alzada se resolvió el orden del día: la creación de la Comisión para confeccionar una nueva ley de Coparticipación, la obligación de que los legisladores hagan un aporte del 5% de sus dietas para los fondos del partido y un llamado a los peronistas disidentes.

«No hay que cerrar las puertas, hablemos con todos» dijo, Antes, desde la tribuna, había llamado a conversar a los peronistas que enfrentaron a los K en 2007 y 2009. Con otros, sin embargo, fue implacable: a Adolfo Rodríguez Saá, por caso, lo adornó de críticas por su pasado defaulteador.

Otro trato le dio a José Manuel de la Sota. Mocionó, en el Consejo, que se habilite una negociación con el ex gobernador cordobés, ya iniciada por José Luis Gioja para que se incorpore al Consejo.

Lo último, con los mozos ya inquietos, fue levantar la mano para aceptar las renuncias de Carlos Reutemann, Felipe Solá, Jorge Busti, Juan Carlos Romero y, entre otros, Mario Das Neves. Para ésos, parece, ni perdón.

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