16 de marzo 2010 - 00:00

Kirchner con radicales K en tierra de infieles

Néstor Kirchner volverá, mañana, a darles entidad política a los radicales K, manifestación política que logró el súmmum cuando Julio Cobos se convirtió en compañero de fórmula de Cristina de Kirchner en 2007 y entró en crisis cuando, a mediados de 2008, estalló el conflicto del campo.

En Necochea, destino elegido por más de un motivo, el patagónico compartirá escenario con dos referentes residuales de la Concertación: el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, y el operador Roberto Porcaro, diseñador del ya desdibujado Compromiso K. Ambos se asumen como radicales K.

El show -para desafiar al intendente cobista Daniel Molina y al duhaldista Gerónimo «Momo» Venegas, que se reparten el manejo de Necochea- será el segundo gesto transversal luego del retorno a la jefatura del PJ: en Ferro, el jueves, se rodeó de piqueteros y de peronistas no pejotistas, y ahora estará con más de 100 intendentes concertadores. El sindicalista hizo una demostración de fuerza anti-K con dos actos, uno de ellos con Francisco de Narváez.

Seguirá, en cierto modo, una tendencia que Kirchner alimenta hace un tiempo desde Olivos: contener a caciques con dominio territorial, ajenos al PJ. De la mano de Florencio Randazzo reunió, por caso, a vecinalistas y luego se sentó con un espacio transversal que comparten, entre otros, Francisco «Barba» Gutiérrez y Mario Secco. Sin embargo, así como anima una remake concertadora y formatos transversales, el ex presidente tiene como eje central al peronismo. Lo demuestra, por caso, la gestión que habilitó para acordar con José Manuel de la Sota, diálogo que inició José Luis Gioja, un activo promotor de cercanías.

Hay, en paralelo, otros movimientos. Uno de ellos se produjo el jueves, en la Casa de Chubut, donde se vieron a solas, durante más de dos horas, Mario Das Neves y Felipe Solá. Una charla para agilizar el diálogo y una preocupación compartida: cómo lograr que el PJ disidente ordene, en el Congreso y en la política, un frente común.

«Con gente como Juanjo (Álvarez), Verna o Latorre, va a ser difícil tener certezas», se quejaron a dúo Das Neves y Solá, que tienen, además, otras coincidencias: ambos se anotan para 2011, cuestionan los movimientos de Eduardo Duhalde y afirman -deseosos- que Francisco de Narváez no pueda ir por la presidencia.

Cuando se vieron sonaban, todavía, los ecos del anuncio de Kirchner en el Chaco respecto de proponer, desde el PJ, una reforma de la Ley de Coparticipación. «¿Los compañeros gobernadores que estaban ahí no se dieron cuenta de que era una maniobra para no discutir sobre el reparto de la ley de cheque?», interrogó el chubutense en voz alta.

Das Neves, al igual que Solá, coincide en que la reforma de esa norma, para distribuir lo recaudado entre las provincias, es un punto de más peso que la avanzada sobre Mercedes Marcó del Pont, que la semana pasada fracasó en el Senado. Hubo palabras venenosas sobre el desempeño de Gerardo Morales.

Sobre la cuestión partidaria, el gobernador y el ex tienen un deseo similar, pero también la misma precaución: «La voluntad es competir por dentro del PJ, pero no hay garantías de que lo podamos hacer. No veo a los Kirchner muy interesados en dejarnos competir», se confesó, anoche, Das Neves.

Sobrevuela, como un fantasma, otra alternativa: ¿y si, al final, el Gobierno acepta prorrogar la entrada en vigencia del sistema de primarias? En Casa Rosada, al lado de Randazzo, afirman que es imposible: que todo está encaminado a que ese mecanismo debute en 2011 y quede, aun con variantes, vigente.

Pero circula, dentro del peronismo K y entre algunos operadores disidentes, la presunción de que Kirchner podría canjear la «postergación» de esa norma por votos de diputados del ala progre en el Congreso. Quizá tome fuerza lo que piensa Duhalde: que 2011 será, en cierto modo, igual a 2003. El lomense sostiene que el sello PJ quedará en un limbo y que a la presidencial irá más de un candidato peronista. Él, claro, se cuenta entre ellos.

Otra voz que se dedicó, el miércoles pasado, a difundir esa negativa fue el entrerriano Jorge Busti, quien cenó en el centro vasco Gure Echea con el ex ministro de Justicia de Kirchner, Alberto Iribarne y un grupo de dirigentes del PJ porteño, donde Iribarne está a cargo del instituto de formación.

Busti, que sostiene que derrota con relativa comodidad en su provincia a Sergio Urribarri, anticipó lo que comienza a ser una tendencia entre los disidentes: ver la alternativa de construir un andamiaje legal que les permita, llegado el caso, competir por fuera del PJ. «Si entrás ahí, te entregás», dijo.

Iribarne, que sentó en la mesa a su hija Inés y a Ignacio Chojo Ortiz, entre otros, escuchó a Busti repetir que esa mañana había hablado con «Lole» y lo había encontrado, otra vez, impreciso y sin definiciones. Por eso le dio su guiño a Duhalde: «No es el mejor candidato, pero es el único que muestra voluntad», dijo.

Escoltado por su esposa diputada, María Cristina Cremer, Busti se enfocó sobre un aspecto que, en estos tiempos, se cuestiona a los Kirchner: la política de derechos humanos. Argumentó su teoría de que «usan» el asunto, con una anécdota de cuando era senador, ocasión en que -dijo- Cristina de Kirchner le pidió expresamente que no rechace el pliego de ascenso de un marino que era cuestionado por organismos de DD.HH. «Jorge

-dijo Busti que le señaló la ahora Presidente-, te lo pido por favor. Estamos con buena relación con la Marina».

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