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Klapish: “París no siempre es una fiesta”
Cedric Klapish, director del film coral «París», que se estrena mañana.
Periodista: ¿Los personajes de este film responden al tipo de barrio donde transcurren sus historias?
Cedric Klapish: Por supuesto, eso ocurriría también con una película de este estilo ambientada en Londres, en Madrid o en Buenos Aires. El público de cada una de esas ciudades va a reconocer de inmediato los tipos y el barrio, aunque los espectadores del exterior que las conozcan sólo por viajes o referencias tal vez sientan que hay algo que falta: desde luego, el París mítico no tiene nada que ver con el París actual. Tomemos el caso de Montparnasse, el bar La Coupole, Toulouse Lautrec, su legendaria aura artística y todo los demás. Pues bien, Montparnasse hoy es el menos parisiense de los barrios: allí se han asentado desde hace años fuertes migraciones internas, en especial de la Bretaña, y ese aire romántico no existe más. Veamos Montmartre: la mayor densidad de turistas por metro cuadrado, casi no hay parisienses, a quienes hay que buscar en un suburbio específico de la zona. Saint Germain: allí vive un determinado tipo de burguesía y clase media, y no los intelectuales que iban al Café De Flore, lo mismo que en el Barrio Latino. En una palabra, que aquel París de Hemingway no siempre es una fiesta.
P.: Las historias de estos personajes, entonces, no podrían ser ambientadas en otra ciudad. No cabría un remake llamado Londres, por ejemplo.
C.K.: Supongo que sería imposible, porque esta película no es únicamente sobre sus personajes, sino sobre lo que les ocurre a ellos en París, que también es otro personaje. Yo me propuse mostrar los contrastes entre el París viejo y nuevo, la movilidad social, las transformaciones de identidad. Creo que en otro espacio debería pensarse en historias diferentes. Por ejemplo, las escenas en las catacumbas de Denfert-Rochereau no se podrían hacer en otra parte. Los turistas suelen quedar impresionados por esa visión de la muerte tan directa y transparente, pero para el parisiense no tiene el mismo significado. El peso histórico, algunos hechos ocurridos allí, han transformado su significado. Las catacumbas de Roma representan otra cosa para los romanos, por ejemplo.
P.: ¿Cómo concibe usted, en su función también de guionista, la arquitectura del film coral? ¿Parte de un personaje determinado que luego le inspira otros?
C.K.: Trabajo sin descuidar ninguna de las partes: ni la individual del personaje, ni la contrucción general de la película; en caso contrario, se correría el riesgo de que al edificio le faltara una columna, o un pasillo. Por ejemplo, tomemos el personaje del profesor de historia (Fabrice Luchini). Cuando lo escribí, era imposible no pensarlo en función de otro de los personajes, su hermano arquitecto. El primero es especialista en el pasado, el otro en el futuro, y sin embargo, el profesor se enamora perdidamente de una estudiante joven, mientras que el arquitecto, que siempre mira hacia adelante, tiene actitudes más arraigadas en la tradición. Sin revelar demasiado, hay que pensar en lo que ocurre con la escena del padre de ambos, que también está en función de lo que acabo de explicar.
P.: A propósito de lo que menciona, una referencia que le hace el profesor a su psicoanalista sobre la muerte de su padre desencadena una situación humorística. Quería que me hablara un poco sobre su sentido del humor en este film.
C.K.: Para mí, no sólo en el humor sino también en el drama, lo determinante es lo que aparece de improviso. No hablo ni del suspenso ni del efecto sorpresa, sino de otra cosa más sutil que es el cruce de los discursos. Creo que la escena que usted menciona es muy ilustrativa en ese sentido. El espectador espera que el profesor, a quien se ve avergonzado, le hable al analista del amor que siente por esa chica que tiene muchos años menos que él, y por eso mismo lo previene y le dice «usted se va a reír», en cambio, le habla de la muerte de su padre, algo trágico, y el analista se ríe.
P.: Exacto, es como una sucesión de pequeños hechos imprevisibles. Se espera que le hable de la chica y que el analista lo escuche serio, pero le habla de la muerte y se le ríe.
C.K.: Esa misma concepción del cruce de discursos, entonces, fue la que proyecté a muchas otras partes del guión; estoy convencido de que la risa y las emociones más genuinas son las que despiertan estos pequeños cruces, estos lugares que van ocupando los personajes a lo largo de la película, corriéndose cada vez que es posible del lugar en donde el espectador espera verlos.
P.: ¿Los personajes son absolutamente imaginarios o alguno parte de alguien reconocible?
C.K.: En líneas generales son todos de ficción. Yo trabajé el esquema global del film de manera tal que cada uno de ellos tuviera su sentido particular, y que la interrelación entre todos también tenga el sentido que busco. Ahora bien, volviendo al caso del profesor que interpreta Lucini, debo admitir que está vagamente inspirado en un caso que llegó a ser muy conocido en París, un prestigioso profesor de la Sorbonne que se enamoró descontroladamente de una alumna con consecuencias que repercutieron en los medios.
P.: En «París» usted volvió a trabajar con Romain Duris, que había protagonizado uno de los films más taquilleros de Francia en el año 2002, «Piso compartido» («L'auberge espagnol»). Tres años después hizo su secuela, «Las muñecas rusas». ¿Continuará la historia?
C.K.: Varias veces hemos hablado con él la posibilidad de hacerlo. Y coincidimos en algo: no antes de que tenga 40 años, porque sólo entonces creo que su personaje de Xavier habrá llegado a su madurez, y será padre además. Romain tiene ahora 34 años, de modo que tenemos seis por delante.
Entrevista de Marcelo Zapata


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