El proselitismo en las mezquitas siempre ha sido un dolor de cabeza para los gobernantes, conscientes de la influencia de los clérigos en un país conservador y con altos índices de analfabetismo como Egipto.
Después de expulsar a los islamistas del poder con el golpe militar contra Mohamed Mursi el pasado julio, los nuevos dirigentes pretenden acabar con sus afines en los templos, sobre todo los viernes, habitual jornada de protestas tras el rezo del mediodía.
No es tarea fácil. Sin embargo, el Ministerio del Auqaf (Asuntos Religiosos) puso manos a la obra con una medida que busca limitar la autorización del sermón o "jutba", que sólo se declama el viernes, a determinados imanes y mezquitas.
Uno de los responsables del mayor sindicato de imanes, con 24.000 miembros y de carácter oficialista, Abdulgani Hendi, afirmó que era necesario tomar cartas en el asunto para difundir un islam moderado.
A su juicio, grupos como la Hermandad Musulmana, los salafistas y Ansar al Suna, un movimiento ultraconservador, convirtieron las mezquitas en "espacios para politizar" y apoyar a determinados partidos. "Había que corregir dicha tendencia", subraya rotundo. A partir de ahora sólo se otorgarán permisos para dar el sermón a los licenciados de Al Azhar, la principal institución del islam sunita y con sede en El Cairo, y las antiguas autorizaciones o "muqafa" deberán ser renovadas. "Esta decisión es injusta porque hay diplomados en institutos muy competentes que no dependen del ministerio o de Al Azhar", aseguró el imán Mohamed Masad, que lleva quince años predicando en El Cairo, pero no dispone de la formación pertinente.
Masad, próximo a las corrientes islamistas, rechaza que esta medida se justifique con la predicación de un "islam moderado", que, en su opinión, no es monopolio de Al Azhar.
A cualquier imán formado en un instituto que no dependa del Ministerio del Auqaf o de Al Azhar se le revocará la "muqafa", lo que podría afectar a cerca de la mitad de los 110.000 clérigos que hay en Egipto, de acuerdo con fuentes oficiales.
La decisión gubernamental también concierne directamente a los templos. El sermón queda restringido a las mezquitas o "zauaya" (capillas) de más de 80 metros cuadrados.
Los imanes están preocupados ante esta situación y muchos ya fueron avisados por las mezquitas de que no podrán seguir predicando, explica Masad.
Muchos tienen miedo y prefieren no hablar ante posibles represalias. El Ministerio anunció que va a intensificar su sistema de vigilancia, lo que algunos de los perjudicados comparan con los tiempos de la temida Seguridad del Estado del régimen de Hosni Mubarak (1981-2011).
Desde la cofradía, grupo al que perteneció Mursi hasta asumir la presidencia, denuncian que las autoridades pretenden acallar cualquier voz disidente. "Quieren cerrar toda vía para hablar libremente contra los golpistas", sostuvo un dirigente de la juventud de la cofradía, Sayed al Judari, aludiendo a los llamamientos a manifestarse y a las críticas a la represión vertidas en las mezquitas.
En opinión de Al Judari, es difícil que se aplique esta medida porque los fieles están muy vinculados espiritualmente con sus imanes y desafiarán las nuevas restricciones.
Los usos cambiaron definitivamente en Egipto. Durante el año de mandato de Mursi surgieron numerosos grupos para pedir que las mezquitas y Al Azhar se mantuvieran a salvo de los ten-táculos de la cofradía. Unos y otros, islamistas y progubernamentales, se declaran contrarios al uso político de los lugares de culto, pero sólo parecen saltar en su defensa cuando el discurso de los imanes los perjudica.
| Agencia EFE |


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