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“La cantante mexicana era la mejor opción”
Rocío Rodríguez Conway: «La puesta en escena está
matemáticamente calculada y se tiene que respetar tal como se estrenó en Londres».
La historia del músico enmascarado que aterroriza a la Opera de París para atraer la atención de una joven cantante que lo obsesiona no ha perdido vigencia; además de retomar el mito de «La Bella y la Bestia» presenta varios puntos en común con los nuevos monstruos románticos del cine y la televisión, aquello que se conoce ahora como «tardo-romanticismo» y del cual el film «Crepúsculo» es uno de los más famosos exponentes.
El espectáculo, de dos horas cuarenta de duración, debe su fama a las cautivadoras melodías de Andrew Lloyd Webber (también autor del libreto junto con Richard Stilgoe), a la ambientación «belle époque» con su gran desfile de vestuario, y a la seductora intriga de la obra que triunfó en casi todos los escenarios que se presentó, aunque en el cine no tuvo mayor fortuna: la adaptación de Joel Schumacher, casi simultánea a la redituable versión de «Chicago», pasó sin pena ni gloria por las pantallas del mundo.
Dialogamos con la directora residente para la versión argentina, Rocío Rodríguez Conway, asistente de dirección de «Cabaret» y anteriormente stage manager de «Los miserables», «Peter Pan» y «Chicago», entre otros musicales.
Periodista: ¿Nos asegura que esta puesta es igual a la de Londres?
Rocío Rodríguez Conway: Absolutamente. Hemos seguido todas las directivas de sus creadores. Lo único nuestro es el equipo de trabajo humano. Todo lo que es puesta en escena -desde las acciones de los actores, las intenciones, cómo se dicen los textos y cómo se cantan las canciones- está matemáticamente calculado y se tiene que respetar tal cual. Desde luego, hay pequeñas libertades, cada actor le aporta algo particular a su personaje. Los fantasmas que se han hecho no son calcos, cada uno tiene su color.
P.: Por eso los mexicanos dicen que su «Fantasma» es mejor que el de Broadway.
R.R.C.: Yo también opino que el nuestro es mejor. Pero, más allá del orgullo propio, la consigna que siguen los directores es que si alguien va a ver «El fantasma» en Londres y luego en Buenos Aires, tiene que encontrar el mismo espectáculo, el mismo producto y la misma calidad.
P.: ¿De qué origen son estos directores?
R.R.C.: La directora musical, la supervisora de coreografía y el director general son norteamericanos y dentro del equipo técnico hay australianos e ingleses.
P.: ¿Qué traducción eligieron, la española o la mexicana?
R.R.C.: La española. Cuando las comparamos vimos que la mexicana estaba más alejada de nuestra forma de hablar. Obviamente, se sacaron los «vuestros» y otros términos que a nosotros nos chocan, pero la traducción se conservó bastante. Como la obra sucede en 1850, nos convenía un castellano más clásico.
P.: ¿A qué atribuye la vigencia de esta leyenda?
R.R.C.: Todo el mundo se lo pregunta. Es un conjunto de logros. La historia es muy romántica y tiene intriga. Sin ser un policial, tiene misterio, y al haber en el medio un romance todo resulta más atractivo. En el caso del musical, la partitura es otro gran acierto, todas las canciones son bellísimas. Uno las escucha y no las olvida. Tienen melodías muy pegadizas y arreglos para cinco o seis voces que son increíbles.
P.: Pero técnicamente fue superada por otros musicales.
R.R.C.: Es cierto, está un poco retrasada con respecto a lo que se ve hoy en un escenario y sin embargo sigue siendo impactante, porque la acción transcurre en un teatro donde se montan tres óperas y hay un gran baile de máscaras. Todos los personajes tienen su encanto y el fantasma es sumamente seductor.
P.: Es un asesino...
R.R.C.: Tiene ese elemento de locura y pasión que hace que uno se meta en la historia sin poder juzgarlo. Creo que la gente se va diciendo: «si yo fuera Christine, no sé si no me quedaría con el fantasma». Insisto, es un personaje que compra por lo apasionado que es.
P.: ¿Qué otros recursos destaca, además de la caída del gran candelabro, al final del primer acto?
R.R.C.: El gran espejo donde se refleja el fantasma, el bote en el que viaja por el laberinto subterráneo del teatro. Cuando uno está viendo la obra y, de repente, queda el escenario vacío, cuesta entender cómo entró en esa caja negra todo lo que pasó delante de nuestros ojos. El cambio de escenografía es constante.
P.: Vamos a hablar de algo ríspido. Usted no ignora que en el ambiente lírico local, no cayó muy bien que el papel de Christine quedase en
manos de una cantante mexicana.
R.R.C.: Yo estuve en el proceso de audiciones desde que empezaron hasta que se eligió a la última persona del elenco. Pasó mucha gente por ahí y le puedo asegurar que se eligió a la mejor intérprete. Esto no quiere decir que una cantante argentina no pueda hacer este papel. En un futuro, puede haberla. Lo que sucedió es que entre la gente que estaba disponible en ese momento, Claudia Cota fue la mejor. No hubo ningún arreglo interno, no se excluyó a nadie del casting. Ella tuvo que pasar las audiciones como todo el mundo y con el mismo nivel de exigencia. Entiendo los resquemores de los cantantes, pero cuando vean el trabajo de Claudia se van a dar cuenta que se merece ocupar este lugar. Lo que hace es impresionante.
P.: Después de tantas postergaciones, muchas de ellas por razones económicas, ¿por qué se estrena «El fantasma» justo en medio de la crisis mundial?
R.R.C.: Yo creo que es un riesgo que toma la empresa, a conciencia de la crisis y de la situación que vive la Argentina. Creo que va a tener una buena respuesta del público, porque la gente también está esperando «El fantasma» desde hace tiempo. Ya es un clásico.
Entrevista de Patricia Espinosa


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