12 de junio 2014 - 00:00

La Copa costará más que las de 2006 y 2010 juntas: u$s 11.500 M

Ayer, los obreros continuaban con las tareas para tener listo el estadio Arena Corinthians, en San Pablo, donde hoy se realizará la ceremonia inaugural.
Ayer, los obreros continuaban con las tareas para tener listo el estadio Arena Corinthians, en San Pablo, donde hoy se realizará la ceremonia inaugural.
 Desde antes de su inicio, el Mundial de Brasil ya se ganó un lugar en la historia por las controversias que acompañaron su preparación y por ser, hasta el momento, el más caro que se haya celebrado, con al menos 11.500 millones de dólares invertidos por el Gobierno, una cifra enorme que puede aumentar cuando se finalicen las obras que no estarán listas hoy para el debut, las que, afirman observadores locales, no lograrán "refrescar" la economía del país.

De acuerdo con las cifras del Gobierno de Dilma Rousseff, los doce estadios y la totalidad de las obras de infraestructura ligadas al evento (aeropuertos, transporte, autopistas, telecomunicaciones) costaron 11.500 millones de dólares. El monto supera los gastos de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 juntos (5.000 millones y 3.000 millones de dólares, respectivamente) y es, según los expertos, apenas una estimación dadas las obras pendientes que se retomarán cuando termine el torneo.

La mayoría de esos fondos salieron de las arcas del Estado ante la falta de iniciativa privada, tal como reprochó Rousseff a la FIFA días atrás al defenderse de las críticas contra el exorbitante presupuesto, las que se expresaron recientemente en numerosas protestas -aunque menos multitudinarias que las de 2013, con motivo de la Copa Confederaciones- y paros de una decena de sindicatos, entre ellos las extorsivas huelgas policiales.

"La realidad es que el único Mundial que fue rentable para el país anfitrión fue el de Alemania", dijo Gerardo Molina, especialista de marketing deportivo mundial de la agencia Euromericas a Ámbito Financiero. El éxito alemán se basó en una receta que Brasil iba a imitar, según la planificación, pero que luego fue dejada de lado: inversión privada en las obras y concesiones para publicidad. Es decir, prácticamente ningún gasto estatal.

La otra clave, explicó Molina, fue la planificación posmundial, algo de lo que carece el Gobierno brasileño y que es determinante para la recuperación de las inversiones, algo que el país europeo logró en apenas seis meses.

"Alemania fue el anfitrión con mejor reutilización de los estadios", señaló, a la vez que explicó que impuso una rotación de eventos en el 70% de éstos y un criterio de utilización múltiple.

Una primera crítica apunta a que la FIFA obtendrá la parte del león. La entidad impuso su lógica y se quedará con el 95% de los ingresos, algo que justifica en que debe costear gastos de hospedaje, seguridad, movilidad y premios de las 32 selecciones. Una explicación dudosa: esos ítems quedan cubiertos con el 45% de lo que le pagan los sponsors.

El retorno de las inversiones a través del comercio vinculado al evento también es un negocio que sólo dará ganancia a la FIFA. La federación se quedará con los derechos de cada producto original que se venda por la Copa. Sin embargo, no podrá atar todo el paquete: la informalidad en la economía brasileña es alta y, según Euromericas, el 65% de los productos que se venderán serán pirateados.

En la opinión de Molina, las manifestaciones en distintas ciudades de Brasil no estarían tan fundamentadas si Rousseff o su equipo hubiesen sido claros sobre cómo se recuperarán las millonarias inversiones o si hubiesen presentado una política de integración social en las obras.

El flujo de dinero estatal, definido en épocas de mayor bonanza económica en un Brasil que buscaba mostrarse al mundo como una potencia emergente, fue defendido hasta el cansancio por los beneficios que el torneo y toda su parafernalia dejarían para los brasileños. Beneficios que, explica Molina, sólo podrán medirse en el mediano y en el largo plazo.

Entre los gastos que Brasil realizó para acondicionar su infraestructura está la renovación de su sistema de telecomunicaciones (banda ancha, transmisión de audio e imágenes, internet), que costó 8.100 millones de dólares, un monto superior a la construcción de los estadios y que será el beneficio inmediato y tangible que dejará el Mundial.

Según estimaciones oficiales, el mayor impacto estará en la generación de empleos en el sector turístico. El Ministerio de Turismo calcula que los cerca de 3,7 millones de visitantes que el país recibirá en el próximo mes gastarán unos u$s 3.030 millones, al tiempo que se espera la generación de nuevos puestos de trabajo para atender una demanda hotelera que ya tiene cubierta el 70% de su capacidad.

De acuerdo con un estudio de la Fundación Instituto de Estudios e Investigaciones Económicas (FIPE/USP), durante la Copa Confederaciones de 2013 se crearon 303.000 empleos y para el Mundial se esperan 200.000 nuevos puestos en la cadena turística.

Sin embargo, las proyecciones de los analistas bajan el tono al impacto que el turismo puede tener a futuro en la sede mundialista.

En el caso de Sudáfrica, cuatro años después del torneo -también cuestionado por sus gastos- se mantiene un tercio de los empleos creados y la llegada de turistas aumentó de 7 a 10 millones. Pero esa promesa no le servirá a Brasil para recuperar las inversiones ni para reactivar su economía.

La aseguradora Euler Hermes pronosticó un impacto de solamente un 0,2% en el Producto Bruto Interno (PBI) debido al Mundial y a los Juegos Olímpicos de 2016.

En todo caso, los efectos positivos sí podrían ser en el corto plazo si la selección brasileña gana la copa. Diversas consultoras financieras comprobaron que salir campeón provoca un movimiento favorable en los mercados. ¿Será tan así?

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