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La emblemática sala El Picadero vuelve a abrir sus puertas
Blutrach: «No se trata de resucitar un espíritu en términos de teatro político o ideológico. Los mismos autores de Teatro Abierto hoy escriben de otra manera».
La primera inauguración del Picadero fue el 21 de julio de 1980 y comenzó a trascender con Teatro Abierto, una iniciativa de dramaturgos, directores, escenógrafos y actores que buscaban encontrar, en plena dictadura que, una hendija a través de la cual poder expresarse. Sin embargo, un atentado con bombas incendiarias provocó su destrucción casi total en 1981. Sólo se salvó la fachada y un viejo vestuario.
Teatro Abierto tuvo que mudarse al Tabarís y el Picadero quedó cerrado hasta 1985, cuando el productor Lázaro Droznes lo alquiló grabar programas como «El galpón de la memoria», «Caloi en su tinta» o «Los siete locos». Droznes compró el edificio en 1991, y diez años después, junto a Hugo Midón, realizaron una inversión de 200 mil dólares para reinaugurarlo. Pero por la crisis de 2001 volvió a cerrar sus puertas. Sebastián Blutrach lo adquirió en junio del año pasado. Dialogamos con él:
Periodista: ¿El Picadero recuperará el espíritu que tuvo inicialmente con Teatro Abierto?
Sebastián Blutrach: No existe más ese espíritu en términos de teatro político o ideológico, me refiero a que si hoy se hiciera de esa misma manera resultaría antiguo. Los mismos autores de Teatro Abierto hoy escriben de otra manera y están en otro lugar ideológicamente. Creo que se recuperará ese espíritu en cuanto a la elección de textos, que serán inteligentes y de calidad. Sólo desde ese lugar y de mi compromiso como productor puede haber cierta continuidad.
P.: Usted es el productor habitual de Daniel Veronesse, ¿lo tendrá en su teatro?
S.B.: Por supuesto que en este espacio Veronesse estará presente con reestrenos de repertorios pasados como «Tio Vania», «Casa de muñecas», «La gaviota» y «Teatro para pájaros». Buscaré días y horarios alternativos para programarlo y otras propuestas, además de la central que es el «Forever young», adaptada por el grupo español Tricicle y dirigida por Daniel Casablanca.
P.: ¿Qué otras propuestas alternativas habrá?
S.B.: Carlos Portaluppi hará un monólogo y Concha del Río no hará «Cabaret» sino que estará sola en «Simplemente Concha». Ella siempre me gustó y actuará los viernes y sábados después de «Forever young».
P.: De modo que mantendrá el esquema de una sola sala de 300 butacas, a diferencia de la tendencia de las multisalas del Paseo La Plaza, el Multiteatro o los cines.
S.B.: Es un espacio distinto de todo porque en la planta baja hay un restaurant para 60 personas, también una barra para tomar algo y subiendo está la sala de 300 butacas. Pese a ser relativamente chica, tiene las comodidades y técnica que superan a los teatros de calle Corrientes, que quedaron algo estancados a nivel tecnológico. Tomé el modelo de los teatros oficiales europeos, de esas salas pequeñas de Francia por ejemplo, que vi tanto con las giras junto a Veronese. Conseguimos una tecnología que envidiaría cualquier sala en Buenos Aires. Estuvo pensado junto a Marcelo Cuervo, uno de los consultores teatrales más importantes. Siempre cuando uno viaja critica la falta de coordinación entre los arquitectos y los consultores de teatro, puede ser lindo pero no funcional o viceversa. Aquí intentamos combinar ambos aspectos.
P.: Cuando se hicieron reformas en el Colón y el San Martín con comodidades vinculadas a lo gastronómico hubo críticas. ¿Qué opina?
S.B.: Opino que no me gusta que la gente tenga que salir a esperar al bar de la esquina y priorizo el lugar de encuentro dentro del teatro donde se puede tomar un café, un vino o un trago. El Picadero es un teatro especial, no es lo mismo que reabra cualquier teatro, con lo me achacan una fuerte carga de expectativa. No puedo cumplir con la expectativa de los demás.
P.: Rottemberg sostiene que para programar teatro, es bueno un poco de todo, comercial, comedia, revista, unipersonal, ¿coincide?
S.B.: Carlos tiene que programar muchas salas y sino aplica ese criterio no podría sostenerlo. Seguro tendrá algo que no le guste mucho, en cambio yo, pretendo no programar nada que no me guste. Durante mi gestión en el Metropolitan alguna vez me tocó tener espectáculos que no me gustaban porque no podía darme el lujo de tener la sala vacía.
P.: ¿Qué inversión hizo para que este teatro reabra sus puertas?
S.B.: Tres millones de pesos.
P.: ¿Colaboró el Gobierno de la Ciudad?
S.B.: Sí. Viví diez años en España y aprendí del sistema mixto de producción (Estado y privado) que funciona de modo excelente. Ahora no tanto por la crisis. Un teatro de 300 butacas, con este nivel de inversión, no tiene forma de sostenerse si no es con apoyo estatal.
Entrevista de Carolina Liponetzky


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