7 de diciembre 2010 - 00:00

La emisión y la crisis conmueven a los mercados

La nueva escalada del oro y los metales preciosos, las materias primas en general y la baja del dólar frente a las principales divisas recrudecieron en las últimas dos ruedas financieras.

El aumento del desempleo en EE.UU. difundido el viernes pasado a primera hora, del 9,6% al 9,8%, tuvo un fuerte impacto en los mercados, porque confirmó que, pese a la magnitud de los estímulos fiscales y monetarios, EE.UU. no crece a un ritmo razonable, de forma que su gigantesco déficit y endeudamiento público va a hacerse cada día más difícil de afrontar. Su situación no es mucho mejor que la de Europa, donde los casos especialmente críticos de algunos países le dan más dramatismo a la situación. El hecho de que la demanda de activos norteamericanos se ve beneficiada en los momentos de incertidumbre permitió que en las últimas semanas, con la crisis de Irlanda y el contagio a Portugal y a España, el dólar tuviera un respiro. Pero ya se está acabando.

La pronunciada presión declinante en las Bolsas y los mercados de deuda en Europa y en EE.UU. fue neutralizada a través de grandes intervenciones en los mercados, por lo menos del Banco Central Europeo, que está llevando adelante una política semejante a la de la Reserva Federal norteamericana de monetizar la deuda pública. La cantidad adquirida por el BCE la semana pasada, de 1.965 millones de euros, es la mayor compra de deuda pública en los últimos 22 meses. La semana anterior (la que corresponde al 22-26 de noviembre), el BCE había adquirido bonos por valor de 1.348 millones de euros. Todavía no llega al programa de u$s 600.000 millones que puso en marcha la Reserva Federal norteamericana, pero no deja de ser significativo.

Estos alivios no sólo son pasajeros, como lo demostraron las caídas bursátiles y el aumento de prima de riesgos en Europa ayer, sino que no alcanzan a todos los mercados. Tanto el viernes como ayer, el oro y la plata volvieron a mostrar subas espectaculares y hubo un alza generalizada de las materias primas. También el viernes y ayer se advirtió una significativa caída del dólar frente a las principales monedas que anticipa una nueva edición de la guerra de monedas.

Es obvio que la fuga de capitales hacia los metales preciosos que se apartan de la actividad productiva, el encarecimiento del petróleo y el cobre, la escalada de los alimentos y la guerra de divisas no crean un contexto saludable para el crecimiento de la economía mundial. Y si no hay crecimiento, vale la pena recordarlo, ¿cómo se va pagar la deuda pública que se va acumulando?

Alemania ha rechazado el lunes las nuevas iniciativas propuestas para frenar la crisis de deuda que afecta a la eurozona y restaurar la estabilidad del euro. La canciller alemana, Angela Merkel, se ha opuesto a la emisión de bonos conjuntos de los países de la eurozona y también se ha negado a aumentar el fondo de rescate de 750.000 millones de euros para asistir a países con problemas para refinanciar su deuda. Esta última alternativa la estaba impulsando en los últimos días Jean-Claude Juncker, primer ministro luxemburgués y presidente del Eurogrupo, y el ministro de Economía italiano, Giulio Tremonti. Por otra parte, hay distintas estrategias para financiar un aumento del fondo de rescate, incluso con mayores préstamos del FMI, pero en última instancia los que tendrán que pagar las deudas son los países solventes y éstos no abundan.

Decepcionado por las cifras laborales, el titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, planteó también la posibilidad de nuevas emisiones del organismo que encabeza para financiar el déficit fiscal. La viabilidad de estas políticas «heterodoxas» se sustenta, sobre todo, en los reducidos niveles de inflación que se advierten en los países desarrollados.

Pero como está a la vista, los efectos inflacionarios se trasladan a los mercados globales de materias primas y provocan fuertes tensiones en los mercados monetarios mundiales. La resultante es un comportamiento hiperespeculativo del capital. ¿Qué sentido tiene ampliar la inversión productiva creando empleo cuando en dos años el oro subió un 90% en dólares; la plata, un 220%, o el platino, un 120%? ¿Por qué asumir los riesgos de invertir en equipos, si comprando futuros de soja pudo ganarse en el año más del 25% y del 35% en trigo o en maíz? No se trata, desde ya, de compras que practican joyeros, empresarios metalúrgicos o importadores de alimentos. Se trata simplemente de tenedores de fondos líquidos que huyen de las monedas de reserva que los Estados están imprimiendo a discreción sin ninguna garantía ni responsabilidad. Y justamente la garantía de que los commodities sigan subiendo de precio es la emisión incesante que está alimentando estos mercados, pero no alcanza a poner en movimiento la actividad productiva.

Los países, uno tras otro, van poniendo en marcha nuevos programas de ajuste que se traducen en empeoramiento de los beneficios previsionales, disminución de subsidios al desempleo, congelamiento y baja de salarios en el sector público, facilidades para el despido en el sector privado, etcétera. No sólo los países rescatados de Europa o en vías de serlo. También Obama anunció un congelamiento salarial, y los estados y municipios quebrados en EE.UU. plantean la disminución de empleados públicos, el uso de patacones, etcétera. En general, son sólo monedas frente a la magnitud de las deudas y de la emisión monetaria. Pero postergan definitivamente el crecimiento -la única solución verdadera-, porque reducen indefectiblemente la capacidad de consumo de la población. Y, sin mercado, ¿qué sentido tiene producir más?

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