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La expresidiaria, el pescador y un éxito inesperado
Clotilde Hesme y Grégory Gadebois, amigos desde el Conservatorio Dramático, protagonizan «El amor de Tony».
Periodista: ¿Cómo pasó de los estadios al estudio de cine?
Alix Delaporte: Durante el Mundial 98 me llevé tan bien con el astro de fútbol Zinedine Zidane que terminaron pidiéndome un documental sobre su carrera, «Como un sueño», con textos leídos por Jean-Louis Trintignant. Luego, un productor me financió un corto a cambio de una camiseta firmada por Zidane, y así seguí. Hasta que decidí hacer esta historia de amor entre una mujer huraña y un hombre equilibrado y paciente en el pueblo de mi madre y mi abuela, donde yo iba de niña a pasar las vacaciones. Se llama Port-en-Bessin, famoso porque allí los portuarios le tiraron pescados podridos al propio presidente Nicolás Zarkozy, que había ido a darles unas pautas, y le dijeron en la cara lo que pensaban de él. Son gente brava.
Clotilde Hesme: Para probarnos, el primer día que fuimos a comer nos dieron el peor pescado, pero Alix se paró frente al dueño y le dijo «Soy de acá, no nos dará esta porquería diciendo que es buena».
Grégory Gadebois: Lo importante es que pronto el pueblo nos aceptó.
C.H.: A mí me hubiera dado igual, porque interpreto a una extraña indiferente a todos.
A.D.: Empieza como un personaje muy antipático, pero de a poco va cambiando. Lo que me empujó a hacer la película es, justamente, la emoción que le aflora cuando logra recuperar a su hijo e iniciar una nueva vida. Algunos me reprochan que tenga un vestido de novia, ¡pero quizá tenía ganas de tenerlo! Mi obra es realista pero en el fondo se desarrolla hacia un cuento de hadas (note que digo «hacia», y no «como»).
C.H.: Alix no pensó en mí como primera opción.
A.D.: Temía que no diera el personaje de ex presidiaria, ¡es tan linda! Pero luego pensé «después de todo es mi película». Y Clotilde trabaja mucho sus personajes, tiene fuerza, sentido del humor, y al fin del día aún tiene ganas de divertirse.
P.: Además luce un nombre muy singular.
C.H.: ¿Clotilde? Ahora se puso un poquito de moda, pero hasta hace poco sonaba anticuado. Mamá quería ponerme Juliette, como mi abuela. Pero mi mayor problema es la altura. Para las películas cuesta conseguirme pareja.
P.: ¿Cómo eligieron al galán gordo?
A.D.: Porque cuando lo descubrí en un escenario no vi a un actor haciendo teatro, sino a un hombre trayendo la vida al teatro. Y porque no es un actor intelectual, sino intuitivo, y eso me gusta.
G.G.: Bueno, cuando uno es gordo, es gordo. Y en cine hacen falta más gordos. Hoy nos faltan Coluche, Jean Gabin, Lino Ventura, Michel Simon, Bourvil. Por suerte tenemos a Gérard Depardieu, un actor excepcional, que puede hacer cualquier personaje. Y es gordo.
P.: ¿Es su modelo?
G.G.: Si, pero es inalcanzable. Mis preferidos son Jean-Pierre Marielle, Jean Rochefort, comparativamente flaco, y el cantautor Georges Brassens.
C.H.: Un detalle lindo es que Alix nunca nos habló del pasado de nuestros personajes. Los conocemos en tiempo presente, y así los transmitimos al público. Es lindo que tengan sus respectivos secretos.
A.D.: Si para el personaje de Tony no era importante conocer el pasado de la ex presidiaria, para el público tampoco debería ser importante.
G.G.: A medida que ensayábamos las escenas les fuimos quitando texto. Reemplazábamos las palabras con miradas. Pero atención, el guión estaba muy estructurado, no hubo improvisaciones, sino despojamiento, fruto del abundante ensayo previo.
A.D.: El despojamiento siguió en el montaje, pero había comenzado con el presupuesto. Hoy muchos gustan decir que hicieron su película con poco dinero. Yo la hice con muy poco dinero, y eso no me gustó nada. Nos vimos obligados a reducir la cantidad de extras, etc. Pero mi productora Hélene Cases mantuvo su pauta: le pagó a todo el mundo, y a largo del rodaje hubo catering para todos, todo el día. También me enseñó cómo conseguir un distribuidor que realmente quiera mantener la película mucho tiempo en cartel. Nos fue bien: empezamos con 70 salas, llegamos a 120, y tras el éxito la mantuvimos en 5 durante meses.
P.: ¿Y ahora?
A.D.: Quiero hacer el drama de un adolescente enfrentado al padre director de orquesta, «El último golpe de martillo».
G.G.: Interpreto a un corredor de bolsa en «Rapaz», una serie televisiva donde como, bebo, y manejo un Porsche. Pero no sé si realmente los corredores de bolsa andan en Porsche.
C.H.: Filmo con Catherine Corsini, y extraño a Raoul Ruiz, con quien tuve la experiencia más importante de mi vida filmando «Los misterios de Lisboa». Era admirable, un hombre convaleciente de 80 años haciendo una película preciosa, de época, al mismo tiempo que seguía la quimioterapia, tranquilo, siempre interesado en nuevas experiencias. Cuando murió estaba preparando la continuación de «Los misterios de Lisboa» ¡en 3D!


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