12 de octubre 2010 - 00:00

“La gran acogida que tuvo Argentina debe ser capitalizada”

Para Marifé Boix García, la influencia de la tecnología en el mercado del libro «está sobredimensionada» y «la preocupación por las plataformas digitales es una pérdida de tiempo».
Para Marifé Boix García, la influencia de la tecnología en el mercado del libro «está sobredimensionada» y «la preocupación por las plataformas digitales es una pérdida de tiempo».
Fráncfort (Enviado especial) - «La preocupación por las plataformas digitales, y si éstas van a terminar o no con el libro de papel, me parece una pérdida de tiempo», dice a este diario Marifé Boix García, vicepresidente de la Feria del Libro de Fráncfort para las áreas de América Latina y Sur de Europa. «Los editores no deberían malgastar su atención en las formas sino en los contenidos. El e-book no será, en los próximos años, la única plataforma digital, sino que habrá muchas otras; no me parece que eso deba desvelar a un editor. Sin embargo, si descuidamos los contenidos de lo que publicamos, si se pierde de vista el horizonte del lector mientras nos distraemos con lo puramente tecnológico, ahí sí que estaremos en problemas».

La española Boix García está vinculada a la Feria del Libro de Fráncfort desde hace casi 20 años y hoy ocupa una de las áreas más estratégicas, en especial para el mundo hispanohablante. El domingo, último día de la Feria, su rostro reflejaba el cansancio de cinco jornadas de trabajo intensas, a las que seguían sumándosele otras citas fuera de agenda. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Es prematuro hacer un diagnóstico de los resultados de esta edición?

Marifé Boix García:
Cuantitativamente aún sí, porque las cifras del volumen de negocios realizados no se ven de manera inmediata. Pero lo que se puede decir es que ha sido una feria mucho más exitosa que la de años anteriores. El board de directores se reunía cada mañana, antes de la apertura, y allí se volcaban algunas cifras e impresiones generales, en verdad todas positivas. Le diría que hay un índice que no falla: la cantidad de bolsas de residuos que dejaba cada stand a la noche solía ser de dos, y este año fue de casi cuatro. Y también puede medirse por la cantidad de botellas de cerveza, que en los stands de Alemania han sido muchas más que antes. Eso es bueno.

P.: ¿Qué diferencias más notables encuentra, dada su experiencia, con las ferias de otros años?

M.B.G.:
El eje que dividió en dos a Fráncfort fue la globalización. Hace tiempo, antes de las fusiones editoriales y los conglomerados internacionales, todo era más personalizado. No nos teníamos que esforzar en conseguir expositores y visitantes. Si alguien no concurría, llamaba inmediatamente la atención. Después de esos cambios, que marcaron para siempre a la industria, todo está bajo el paraguas de los grandes grupos, de modo que la búsqueda de la diferenciación, el lugar del editor independiente, es parte de la tarea de la Feria.

P.: ¿Cómo evalúa la repercusión de la presencia argentina como invitada de honor?

M.B.G.:
Muy positivamente, desde luego. No hay más que ver el lugar que le consagró la prensa a los expositores, los escritores y la cultura argentina para entender la importancia de esta presencia. Pero lo más importante es que esta participación no represente un hecho aislado. Esto debería tener una continuidad, y tanto este gobierno como los próximos deberían capitalizar y entender los beneficios que reporta esta excelente acogida que han tenido las letras argentinas en Fráncfort.

P.: Este año la tecnología tuvo más visibilidad. ¿Cómo evalúa usted que eso influirá en el mercado del libro?

M.B.G.:
Creo que se sobredimensiona demasiado este aspecto. El público se va a adecuar rápidamente, como se adecuó a la telefonía digital. Una vez que pase la sorpresa, la novedad, todo seguirá del mismo modo. Fíjese que en su país hay más celulares que los que tienen en los países asiáticos; en Brasil, además, la penetración del iPad es muy veloz, supongo que en la Argentina ocurrirá lo mismo, pero eso no constituye el meollo de la cuestión. El problema son los contenidos, la oferta, el conocimiento del lector y del mercado, y la preocupación por una calidad que no siempre se satisface, sobre todo cuando esos cambios tecnológicos impongan mayor velocidad de alimentación para el consumo.

P.: ¿Las librerías serán víctimas de estos cambios?

M.B.G.:
Según cómo trabajen. En Alemania, por ejemplo, la Asociación de Editores y Libreros ha creado libreka, que es una plataforma digital manejada fundamentalmente por los libreros. Si bien libreka no vende a consumidor final, contribuye muchísimo a la distribución y venta del libro. Aporta datos, determina la cantidad exacta de ejemplares que se disponen de un libro, los puntos de venta. A través de su página web el lector puede ingresar y hojear un libro, como haría en los anaqueles de una librería. En Alemania hay casi 20.000 editoriales, y casi todas ellas están vinculadas a libreka. Buenos Aires es una capital extraordinaria para las librerías, siempre lo fue. Yo no tengo dudas de que se adaptarán fácilmente a estos cambios.

Entrevista de Marcelo Zapata

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